jueves 11 de septiembre de 2008

Determina la Corte atraer un amparo interpuesto sobre la matanza de Acteal

■ El asunto reviste interés superlativo por la posible afectación de valores sociales y políticos, dicen ministros
La Jornada / Jesús Aranda

La primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó ayer ejercer su facultad de atracción para conocer un nuevo amparo (en julio pasado atrajo tres asuntos que involucran a 24 sentenciados) relacionado con la matanza de Acteal, ocurrida el 22 de diciembre de 1997, en la que fueron asesinados 45 tzotziles de esa comunidad del municipio de Chenalhó, Chiapas.

Los ministros consideraron que el asunto reviste un “interés superlativo” por la posible afectación o alteración de valores sociales y políticos, así como de convivencia, bienestar o estabilidad del Estado vinculados con la impartición de justicia.

“Conscientes” de que el asunto es relevante, novedoso y complejo, los cinco togados de la primera sala determinaron que en este asunto es necesario “un pronunciamiento del máximo tribunal de justicia del país y que el criterio que se llegara a sustentar va a repercutir de manera excepcionalmente importante en la solución de casos futuros”.

El dictamen elaborado por la ministra Olga Sánchez Cordero señala que el asunto es de interés nacional, en el que todos los sectores de la sociedad están interesados, pues los hechos ocurridos en Acteal han sido calificados por diversos medios de comunicación, defensores de los derechos humanos, gobiernos y sociedad en general, tanto a escala nacional como internacional, como “la matanza de Acteal”, “el genocidio de Acteal”, “crimen de lesa humanidad”, etcétera.

Basta consultar páginas de los distintos buscadores de Internet –añade la sentencia– para percatarse de todo tipo de opiniones de medios, periodistas, religiosos, organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, tanto nacionales como internacionales, así como de los reiterados reclamos de justicia respecto a los hechos.

Además –subraya–, el número de víctimas (45 muertos y 16 heridos), el número de personas que participaron en los hechos –se habla de más de 100 victimarios, provenientes de diversas comunidades del municipio de Chenalhó– hace que el asunto sea de interés relevante.

La investigación que realizará la propia ministra Sánchez Cordero tiene como origen el amparo directo que solicitaron Antonio Pujuc Luna y Mariano Pujuc Luna, quienes alegan que la valoración de pruebas que realizó el primer tribunal unitario del vigésimo circuito, que los sentenció el pasado 21 de abril por los delitos de homicidio y lesiones, así como por diversas violaciones a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, se basó exclusivamente en los testimonios acusatorios, y no en los que los exoneran de los cargos.

Durante la sesión pública, Sánchez Cordero señaló: “tendremos la posibilidad de fijar el valor de aquellas pruebas cuya obtención puede estar relacionada con haberse practicado sin las formalidades legales establecidas para ese fin y una posible violación, con ello, de derechos fundamentales de las personas que están implicadas en estos asuntos”.

Cabe señalar que la solicitud de atracción fue hecha por la magistrada Marta Olivia Tello, presidenta del segundo tribunal colegiado del vigésimo circuito, quien consideró que la SCJN debía conocer el asunto, porque los hechos “no han dejado de ser noticia en medios de comunicación nacionales y extranjeros, a pesar del tiempo transcurrido”.

Además destacó la particularidad de que “los habitantes de la comunidad de Acteal fueran simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y que la disputa por el dominio de un banco de arena existente en la zona generó inestabilidad social en la región, que culminó con el ataque perpetrado a la comunidad con los resultados ya sabidos”.

domingo 24 de febrero de 2008

Acteal, 10 años de Impunidad_Gruppe B.A.S.T.A.

Acteal, 10 años de Impunidad_Gruppe B.A.S.T.A.

Peregrinación del Pueblo Creyente en San Cristóbal

Peregrinación del Pueblo Creyente en San Cristóbal

sábado 26 de enero de 2008

Los asesinos de Acteal: ¿por qué este caso y no otros?

Los asesinos de Acteal: ¿por qué este caso y no otros?
Federico Anaya Gallardo*/ I

Dolores Camacho Velázquez y Arturo Lomelí González en su artículo “Acteal: algunos trasfondos del debate” (La Jornada, 22/12/07) hacen cuestionamientos pertinentes sobre el intento revisionista de la matanza de Acteal. Se preguntan por la intención de los defensores de los asesinos ya sentenciados: “¿por qué luchar por la vía jurídica, si como dicen hay tantas fallas en el proceso?”

El pasado 17 de diciembre, en conferencia de prensa organizada por Ricardo Raphael, dirigente de la asociación política nacional Alternativa Ciudadana, los defensores de los asesinos presentaron su caso a la prensa capitalina. El director del área de estudios jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas, AC (CIDE) explicó que esa institución pública –dependiente de la Secretaría de Educación Pública, (SEP)– tomó la defensa porque las supuestas violaciones a los principios de debido proceso y presunción de inocencia eran tan graves que lo hacían un caso paradigmático. Se trata de demostrar, dijo, mediante este ejemplo gravísimo, que los sistemas mexicanos de investigación criminal, procuración de justicia y castigo de los delincuentes son completamente inadecuados.

En abstracto, esta explicación del CIDE responde sobradamente el cuestionamiento de Camacho y Lomelí. Pero nos deja mal sabor de boca. Sucede que hay muchos otros casos paradigmáticos que se ajustarían a los criterios del CIDE. ¿Por qué tomar este caso y no otros? El CIDE no dijo nada cuando se cuestionó esto en la conferencia de prensa. ¿Por qué? Porque responder develaría necesariamente la afiliación política de la defensa y le haría perder la aureola de defensores puros de la ley con que se presentan.

La defensa de los asesinos ha tratado de velar su identidad política, pero hay suficientes elementos públicos que nos la muestran. Ya Luis Hernández Navarro documentó el pacto político entre Hugo Eric Flores Cervantes (profesor del CIDE, dirigente de una asociación política nacional de filiación evangélica y origen intelectual de la versión de la defensa) con el PAN durante la campaña presidencial de 2006 (“Dios los hace y la Presidencia los junta”, 24/12/07). Ese pacto incluía revisar el estado procesal de los expedientes de la matanza de Acteal. Calderón ha cumplido: la revisión la ha hecho el CIDE. Pero hay más. Se argumenta que ante la manifiesta inocencia de muchos de los indígenas sentenciados es éticamente imposible desdeñar este caso por ser “políticamente incorrecto”. Esto, en referencia a que lo “socialmente aceptable” en Chiapas es atacar al gobierno y a sus aliados en la lucha contra zapatistas y otros opositores. Esto lo ha manifestado en muchas ocasiones la abogada Ana Laura Magaloni, cabeza de la clínica jurídica del CIDE. El mismo día de la conferencia de prensa organizada por Alternativa Ciudadana, en el programa Espiral que conduce Raphael en Canal 11 (emisora pública del Instituto Politécnico Nacional, otro organismo de la SEP federal) aparecieron, en calidad de colaboradores, los abogados del CIDE y Héctor Aguilar Camín. La conducción de Raphael facilitó que Magaloni presentara el caso judicial mientras Aguilar Camín desplegaba el caso político, incluida su ya muy trillada interpretación de que los zapatistas son los responsables últimos de toda la violencia ocurrida en Chiapas desde 1994. Lo más interesante de la emisión, sin embargo, fue la clara afirmación de Magaloni de que a partir de las pruebas existentes en el expediente no es posible hablar de la existencia de grupos paramilitares en Chenalhó. Esta misma posición la manifestó de nuevo, el mismo día, en Contrapunto (Canal 2 de Televisa), donde ella se presentó junto con Raphael en una mesa moderada por Denise Maerker y en la que ambos debatieron con Luis Hernández Navarro.

Una semana antes, Magaloni y Aguilar Camín habían aparecido como entrevistados, manifestando las mismas posiciones, en el reportaje sobre la inocencia de los asesinos sentenciados que realizó el martes 11 de diciembre el programa El Rotativo, de Canal 22, otra emisora pública (dependiente del CNCA, también organismo de la SEP y, por cierto, frecuencia ligada históricamente al grupo Nexos que encabeza Aguilar Camín). De hecho, el anuncio de la conferencia de prensa de Alternativa Ciudadana se dio en esa emisión de El Rotativo. Estamos, pues, ante una liga o coalición de organismos públicos federales (CIDE, Canal 11, Canal 22) e intelectuales involucrados directa o indirectamente en política partidista y pública (Raphael como parte de Alternativa Ciudadana y ombudsman del televidente en Canal 11, y Aguilar Camín como consejero áulico de ya varias presidencias). Con la excusa de un caso paradigmático, esta coalición desliza en cadena nacional una y otra vez dos especies: una, que el neozapatismo es el generador original de la violencia en Chiapas; otra, que es imposible demostrar legalmente que haya habido (y haya) grupos paramilitares en Chiapas. Recapitulemos ahora. ¿Por qué defender a los asesinos de Acteal y no a las muchas decenas de perredistas, zapatistas y opositores que, en los mismos años, fueron (y son) acusados incorrecta y frívolamente por las procuradurías estatal y federal? Éstos también podrían ser casos paradigmáticos de acuerdo con los criterios del CIDE. Respuesta: porque el caso paradigmático de los asesinos de Acteal es la única causa penal seria abierta en contra de los paramilitares y la única que tendría el potencial de demostrar la responsabilidad política del Ejército Mexicano y del gobierno de la República en la campaña contrainsurgente desplegada desde 1994 (y hasta nuestros días) contra el zapatismo chiapaneco.

La defensa de los asesinos correctamente diagnostica que la acusación de la Procuraduría General de la República (PGR) es defectuosa, que su versión de los hechos no se sostiene y que, ante la duda, debería haber imperado el principio garantista de in dubio pro reo. Hasta aquí, nadie en su sano juicio se opondría a tal exposición. Pero notemos cómo los defensores de la revisión histórica deslizan otra idea: que de las pruebas recabadas por la PGR tampoco puede demostrarse la existencia de grupos paramilitares. Efectivamente, si la acusación no puede demostrar la culpabilidad de los autores materiales, mucho menos podría demostrar que éstos formaban una asociación delictuosa (grupo paramilitar) ni la colusión de servidores públicos con ese grupo armado. Por cierto, este defecto de la acusación fue el único reconocido por los tribunales federales cuando en apelación eliminaron la imputación de asociación delictuosa en 1998; hecho que Las Abejas ha venido denunciando desde entonces.

Lo sospechoso es que ni el CIDE ni Canal 11 ni Canal 22 ni Raphael ni Aguilar Camín reaccionan de la misma manera ante esa también terrible injusticia. No hay en su discurso un reclamo consistente, ni serio, para que se investigue la existencia de los grupos armados que operaban y operan en contra de los zapatistas y de cualquier opositor al gobierno. No nos extrañemos: estas personas no pueden asumir esta actitud porque a quien defienden es precisamente a quien es responsable último de la política, violatoria de la ley, la Constitución y los derechos humanos, que fomentó a esos paramilitares.

* Abogado, ex miembro del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas y ex representante legal de la diócesis de San Cristóbal de las Casas

Federico Anaya Gallardo/II y última

Camacho y Lomelí nos dicen en “Acteal: algunos trasfondos del debate (La Jornada, 22/12/07)” que “ante una masacre como la ocurrida, donde las acciones fueron colectivas, es difícil, según han señalado los especialistas, determinar quién disparó a una persona en específico y quién no; es un crimen en colectivo contra un colectivo”. Precisamente por ello es que enredarse, como hace el Centro de Investigación y Docencia Eeconómicas (CIDE), en la defensa puntillista de los procedimientos penales del caso Acteal es caer en una trampa diabólica.

Al aplicar el derecho y perseguir los delitos existe una diferencia radical entre situaciones de paz y guerra. En tiempos de paz la violencia social se manifiesta de modo individualizado, y en un porcentaje alto de los casos es posible establecer responsables individuales para cada hecho violento. En este contexto se deben aplicar los principios de debido proceso y presunción de inocencia. Su estándar debe ser muy alto: cualquier duda respecto de la responsabilidad individual debe resolverse declarando la inocencia del acusado. Cosa distinta ocurre en situaciones de guerra. Aquí la violencia se da de modo colectivo, y la determinación de responsabilidades individuales se vuelve difícil, cuando no imposible. Aplicar en estos casos un estándar alto de presunción de inocencia conllevaría la absolución automática de todos los implicados. Hay una notable excepción: la de quienes están al mando de los grupos armados. Los tribunales que juzgan crímenes de guerra no suelen procesar combatientes individuales, sino a quienes los dirigen. Pero de nueva cuenta el carácter colectivo de las acciones de guerra impide determinar claramente una responsabilidad criminal individualizada. Por ello los mandos de las bandas armadas no son juzgados por homicidios o lesiones específicas. Se les juzga por provocar el estado de guerra y por ordenar o permitir homicidios y lesiones.

Veamos el artículo 37 del Código Penal federal, que castiga el delito de rebelión. El segundo párrafo de esa norma señala: “los rebeldes no serán responsables de los homicidios ni de las lesiones inferidas en el acto de un combate…” El Legislativo reconoce aquí el problema de establecer responsabilidades individualizadas y elimina la responsabilidad penal. Pero la misma norma afirma que la responsabilidad de los mandos es grave. A renglón seguido, agrega que de los homicidios y lesiones que se causen fuera de combate “serán responsables tanto el que los mande como el que los permita y los que inmediatamente los ejecuten…” Primero es responsable el mando que ordena o permite, y sólo después (si es posible determinar la responsabilidad individualizada) quien ejecuta.

Aun para hacer la guerra hay reglas. Toda guerra sucia es de suyo ilegal. En combate, cuando la violencia colectiva está desatada, matar y herir no es delito. Fuera del combate, matar y herir es un crimen. Ésta es la situación del caso Acteal, de acuerdo con todos. Inclusive, Aguilar Camín reconoce que luego de una supuesta batalla los agresores siguieron atacando a civiles indefensos (Nexos, diciembre 2007, y programa Espiral del 17 de diciembre de 2007 en Canal 11). De este tipo de delitos el primer responsable es quien los ordenó o quien los permitió. En Acteal, de acuerdo con la versión del propio Aguilar Camín, quienes permitieron esos ilícitos fueron las autoridades municipales de Chenalhó y los gobiernos de Chiapas y de la República (Nexos, noviembre de 2007).

La existencia material de los paramilitares en Chiapas ha sido probada multitud de veces en informes de organismos defensores de derechos humanos y reportes de prensa confirmados. Hay noticias ciertas de que la Secretaría de la Defensa Nacional elaboró en 1994 un Plan de Campaña, que incluía la formación de grupos civiles armados leales al gobierno, como parte de su estrategia para vencer a los rebeldes zapatistas (Marín, Delgado y M. Scherer, Proceso 1105 y 1106, enero de 1998. Marín, Milenio Semanal 172, 1/01/01). El gobierno federal ha evadido sistemáticamente este tema, porque aceptar que existe una relación entre ese plan de campaña militar y los paramilitares sería confesar que ignoró la Constitución, que obligaba a la Presidencia de la República a solicitar al Congreso una ley de suspensión de garantías que le indicase cómo enfrentar a los rebeldes en 1994 y, luego de 1995, que violó la Ley para el Diálogo, aprobada por el Congreso en 1995.

Esta última norma reconoce lo que Camacho y Lomelí dicen: en Chiapas estamos ante hechos de violencia colectiva, que no pueden ser atendidos con el sistema legal propio de los tiempos de paz. La Ley para el Diálogo es una disposición de tiempos de guerra, pero no suspende garantías. Hace algo mejor: establece un mecanismo de negociación complejo, que permita detener las hostilidades ya desencadenadas y atender los problemas sociales que originaron la insurrección indígena. Precisamente esto hace más grave su violación por parte de la administración de Ernesto Zedillo, quien permitió que bandas armadas leales a su gobierno atacaran al zapatismo y a cualquier otro opositor, minando el proceso de diálogo ordenado por la ley. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) abandonó las conversaciones en septiembre de 1996, señalando como causa las acciones paramilitares de Paz y Justicia. Suspendidas las negociaciones, el Ejército buscaba una excusa para atacar abiertamente a su enemigo. Los ataques de las bandas armadas en Chenalhó buscaban eso exactamente: una respuesta de los zapatistas, que justificara un contrataque. Correctamente, la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) denunció la estrategia del Ejecutivo (véanse los testimonios de Martínez Veloz en La Jornada).

La Ley para el Diálogo de 1995 refleja dos realidades contradictorias. Una, la voluntad pacifista de la sociedad mexicana, que desde 1994 (y hasta ahora) se ha opuesto tanto a la violencia revolucionaria del EZLN como a la represión gubernamental. Otra, el fracaso del intento de Zedillo por descabezar la insurgencia zapatista en febrero de 1995. Ambas realidades ayudan a entender lo que es “políticamente correcto” en el México posterior al zapatismo. La insurrección del EZLN ha sido reconocida como legítima por el Congreso de la Unión. Por tanto, más allá de su ilegalidad, los rebeldes, su causa y su agenda social pueden ser (y son) aceptadas públicamente por la mayoría de los mexicanos.

Se trata, sin duda, de una situación enojosa. La Ley para el Diálogo regula una situación de excepción. La decisión de Zedillo y del Ejército Mexicano de violarla, apoyando a los paramilitares, ha obligado a mantener la situación de excepción por tres lustros. La situación es especialmente molesta para personas que hace mucho abjuraron de la vía de las armas, luego de tomarlas (como Hirales) o pese a nunca haberlo hecho (Aguilar Camín). Esto explica la virulencia con que estos intelectuales quieren demostrar la “culpabilidad” zapatista en toda la violencia chiapaneca. No entienden que el Congreso ordenó suspender la persecución penal de culpables y dialogar. No entienden que si hay un culpable, es el Ejecutivo federal por desobedecer una orden directa de la soberanía democrática.

La situación de excepcionalidad jurídica de Chiapas también molesta a los abogados formalistas, como los del CIDE. Al tomar la defensa de los asesinos de Acteal, presentan su caso como paradigma de la injusticia del sistema penal mexicano. No puede ser paradigma, porque Acteal nace de una situación de excepción por vía doble: primero, la excepcionalidad regulada por la Ley del Diálogo, y, segundo, por la excepcionalidad creada por la violación que hizo Zedillo de esa ley. Si el CIDE no comprende esto será, lo quiera o no, cómplice de una de las partes beligerantes (el gobierno federal) en un conflicto armado que no se ha resuelto.

jueves 24 de enero de 2008

ACTEAL: Documentos y material multimedial Encuentro Nacional Contra la Impunidad

Acteal: Más de 200 personas y más de 50 organizaciones de México y de otros países participaron al Encuentro Nacional Contra la Impunidad de Acteal organizado por la organización indígena tsotsil "Las Abejas" el 20 y 21 de diciembre de 2007.

El objetivo principal del encuentro, declararon Las Abejas, fue fortalecer la articulación con las diferentes organizaciones nacionales e internacionales para hacer más fuerte la voz contra la impunidad en el país, presionar a las autoridades para aplicar la justicia y reconocer su responsabilidad, garantizar la no repetición de los hechos y el respeto a los derechos humanos.

SIPAZ estuvo presente y participó a los labores en los dos días del encuentro así como en la celebración realizada el 22 de diciembre, día de conmemoración de la masacre. En el blog de SIPAZ, en los próximos días, se irán publicando los documentos del encuentro (véase último informe del CDH Frayba sobre el caso Acteal ) así como material informativo y multimedial. Véase también el blog de Las Abejas por más información.

Ya está disponible el video de la ponencia de Itzel Silva Monroy (CDH Frayba) sobre los avances legales del caso Acteal.

Por favor, si les parece interesante, reenvíen este correo a sus contactos. Gracias.

Saludos,

Roberto Stefani

--
Servicio Internacional para la Paz (SIPAZ)
Ave. Chilón n.8
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
CP 29220, México
Tel/Fax: (+52.967) 63 160 55
Email personal: rob.stefani@gmail.com
Email SIPAZ: chiapas@sipaz.org
Web: http://www.sipaz.org
Blog: sipaz.wordpress.com

sábado 29 de diciembre de 2007

La "Otra" Navidad ... -video-

Va esta canción de Paco Urrutia conmemorando los 10 años de Acteal:

domingo 23 de diciembre de 2007

CRONICA DIA 2. ENCUENTRO NACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD

Las abejas, Acteal, Chenalhó. 22 de diciembre de 2007

El viernes 21 de Diciembre de 2007 fue el segundo y último día del encuentro nacional contra la impunidad que organizó la comunidad “Abeja” de Acteal. Las actividades programadas para el día fueron: mesas de trabajo, una conferencia de prensa y la lectura de las declaraciones finales de las ideas vertidas en las mesas, un ritual de vigilia y oración, y por último la proyección de videos sobre Acteal, “la tierra de los mártires”, dentro de los cuales se presentó la producción del videoasta abeja José Alfredo Jiménez Pérez.

Alrededor de las nueve de la mañana se comenzó con la organización de las mesas de trabajo que quedaron compuestas por los colores de gafetes que se proporcionaron en el registro de participantes, originando así, que se conjuntaran diversas opiniones. En cada grupo se encontraban personas de diversas culturas e ideologías y por lo cual se tiene certeza de que el dialogo fue muy provechoso. Todas las ideas expuestas sirvieron para tomar acuerdos y nuevamente posibilidades para combatir la injusticia. Retomaron los temas que los conferencistas habían expuesto en el primer día de actividades. Posteriormente, ya cerca del medio día, se formaron nuevas mesas de trabajo, pero esta vez por regiones del país (norte, centro y sureste.) y un grupo de extranjeros. Cabe señalar que en las primeras mesas (establecidas por gafetes) se retomaron y generaron nuevas ideas.

Estos son algunos de los puntos más importantes que se tocaron en las mesas de trabajo:

  • Que sí no se reconocen a las organizaciones civiles, que por lo menos se reconozcan los acuerdos de San Andrés.
  • Crear una comisión de la verdad. Esta comisión se encargaría de aclarar los conflictos con la participación de todos los involucrados: agresores, agredidos y gobierno.
  • Partir del “caso Acteal” para tenerla como modelo de organización y lucha contra la injusticia a los demás casos que suceden en el resto del país.
  • Seguir el ejemplo del grupo de “Mujeres Mayas de Las Abejas”, en cuanto a organización de mujeres.
  • Apoyar a las sociedades civiles.
  • Impulsar y dar a conocer a la sociedad en general y universidades, las versiones correctas emitidas en labios de los agredidos y saber así, con estos testimonios legítimos, la realidad concreta.

El día siguió su curso. Después de la hora de comida se pasó a las declaraciones finales emitidas por los grupos (los conformados en regiones). Ellos puntualizaron más en las resoluciones antes mencionadas, señalando que los argumentos y propuestas generadas en éste encuentro deben servirnos a todos, organizando mejores vínculos entre todas las organizaciones y seguir insistiendo en obligar al gobierno a que sea justo en las sentencias.

La tarde se vistió de alegría cuando “Totik” (padre) Samuel Ruíz García, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas arribo a éste lugar, acompañado también, del “Totik” Raúl Vera López. Ellos residieron en la conferencia de prensa, recordando los hechos ocurridos en 1997 y la impunidad que aún existe por parte de los funcionarios públicos. “Esa es la causa del por qué seguimos insistiendo” dijo “Totik” Raúl Vera. Él sigue denunciando que la matanza no fue por casualidad sino planeada por el estado de aquel entonces.

A 10 años de la masacre de Acteal aún hay causas penales abiertas, los juicios se han extendido sin resolución por parte del Estado Mexicano, los autores intelectuales, como el entonces presidente de la Republica Ernesto Zedillo, no han sido investigados ni castigados, y el derecho a conocer la verdad de los hechos ha sido negado.

Es por esto, que en el encuentro previo a la conmemoración de la Masacre, que se ha realizado los días 20 y 21 de Diciembre, la sociedad civil, los miembros de la Organización Civil Las Abejas y las diferentes organizaciones participantes, en conjunto con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas ha llegado a las siguientes conclusiones para con el Estado Mexicano:

  1. Responsabilidad del Estado Mexicano por acción, ya que la masacre de Acteal fue producto de una política de Estado totalmente deliberada y encaminada a cometer ataques sistemáticos en contra de la sociedad civil, con el fin de debilitar el apoyo al EZLN y posteriormente disolverlo. z

  1. Responsabilidad del Estado Mexicano por omisión, pues mientras sucedía la masacre, la policía de Seguridad Pública se encontraba a 200 metros del lugar de los hechos, sin intervención alguna.

Como sociedad nacional e internacional tenemos la responsabilidad de unirnos, analizar y reconstruir nuestro pacto llamado México, así como cuestionarnos si es viable la democracia en libertad e igualdad, mientras la verdad y la justicia siguen pendientes.

“Informe sobre la responsabilidad del Estado Mexicano en el caso de Acteal”. Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

Las acciones de éste último día del ENCUENTRO NACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD finalizaron cerca de las 6:15 de la tarde y fue clausurado en labios de “Totik” Samuel Ruíz García.

“Fortalecer la comunicación y el camino. Que se haga posible lo que ahora es imposible”

Raul Vera López

“Venir a Acteal es venir a llegarnos de fuerza y esperanza”

Samuel Ruiz García.

Texto y Fotos: Néstor Abel Jiménez Díaz.

GUERRA DE BAJA INTENSIDAD; EL CAMINO A LA MASACRE DE ACTEAL

El 1 de enero de 1994 se inició de manera explícita el conflicto en Chiapas con el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Este movimiento busca el reconocimiento y respeto de los derechos indígenas, y desde sus inicios la Sociedad Civil Las Abejas se mostró simpatizante con sus demandas aunque no con los medios que el EZLN proponía para conseguirlas, es decir con la lucha armada. Así es como se plantea la cercanía de las abejas con el zapatismo, como un movimiento paralelo que impulsa una lucha pacífica.

La guerra abierta dura pocos días ante la presión de la sociedad civil nacional e internacional y para el 10 de enero de 1994 se firma un pacto de no agresión entre el Estado mexicano y el grupo insurgente. Pocos meses después se inician los diálogos que buscaban llegar a un desenlace definitivo entre las partes enfrentadas, primero en San Miguel Ocosingo y en San Cristóbal de Las Casas en 1994 y posteriormente en San Andrés Larrainzar a partir de 1995. En este proceso que intentaba dar solución del conflicto, Las Abejas participan activamente dentro de los cinturones de paz que buscaban proporcionar apoyo a la seguridad de la comandancia del EZLN así como al interior de las discusiones que proporcionaron propuestas para las mesas de diálogo.

Según Pablo Romo, exdirector del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (CDHFBLC), mientras los representantes del gobierno mexicano se sentaban a dialogar en busca de la paz, el ejército mexicano comenzó la implementación, por órdenes del ejecutivo federal, una estrategia contrainsurgente descrita como “guerra de baja intensidad”. La estrategia plantea el entrenamiento de grupos armados al interior de las comunidades que hicieran el “trabajo sucio” y con eso lograr hacer parecer los ataques como conflictos intra e inter comunitarios, a la par de un desarrollo propagandístico que tiene como objetivo desacreditar la información que incrimine las acciones gubernamentales.

Con la intención de “matar al pez quitándole el agua” e interpretando que todos los que no colaboran con el gobierno están en contra del gobierno, a partir de 1995 el Estado mexicano impulsa la creación de grupos paramilitares que continuamente acosan a los miembros de los distintos grupos políticos simpatizantes con el zapatismo. En un principio la estrategia fue implementada en el norte del estado, principalmente en los municipios de Palenque, Catazajá, Tila, Sabanilla, Yajalón y Chilón, sirviendo como una especie de “laboratorio de operaciones” como refiere Blanca Martínez, actual directora del CDHFBLC. Es a partir de 1996, debido entre otras cosas a la creación del municipio autónomo de Polhó y al engrosamiento de las filas zapatistas en la zona, que la guerra de baja intensidad llega a Los Altos.

Para principios de 1997 el conflicto político en la zona comienza a complejizarse y los grupos paramilitares actúan de manera constante tomando represalias en contra de quienes no aceptan sumarse a su causa. Posteriormente, pugnas entre zapatistas y priístas por el derecho de explotación de un banco de arena en el paraje de Majomut vendrá a ser una excusa usada por los paramilitares para incrementar las acciones de violencia.

La ola de temor que se desencadenó como consecuencia del continuo hostigamiento de los habitantes de las comunidades por parte de los grupos paramilitares, llevó al desplazamiento de alrededor de 9.000 personas en el área que tuvieron que ser reacomodadas en comunidades simpatizantes con sus respectivos filiaciones políticas que sirvieron como campamentos de desplazados. Asimismo, el reacomodo poblacional masivo significó numerosas amenazas y la presencia de varios cuarteles militares a la entrada de las comunidades, muchos de los cuales permanecen hasta la fecha.

La escalada del conflicto llevó a que el 22 de diciembre de 1997, un grupo de tsotsiles equipados con armas de grueso calibre dispararan en contra de 45 personas abejas (18 mujeres adultas, cinco de ellas con embarazos hasta de 7 meses de gestación; 7 hombres adultos; 16 mujeres menores de edad, entre los 8 meses y los 17 años de edad; 4 niños entre los 2 y los 15 años de edad) e hirieron a 26, en su mayoría menores de edad, varios de ellos resultaron con lesiones permanentes.

Las personas atacadas se encontraban refugiadas en la comunidad de Acteal debido al continuo hostigamiento de grupos armados que quemaban sus casas y cultivos, y robaban sus pertenencias. Estaban completamente desarmados, realizando una jornada de ayuno y oración en la capilla de la comunidad de Acteal para pedir por la paz en la región. El ataque fue perpetrado por alrededor de 90 personas, según refieren testigos oculares y el hecho de que un puesto de operaciones mixtas (fuerza militar, judicial y de seguridad pública) se encontrara asentado a 200 metros ha servido para justificar las opiniones que apuntan hacia una responsabilidad directa del estado mexicano.

El hecho violento tuvo sus consecuencias políticas inmediatas con la renuncia del Secretario de Gobernación Emilio Chuayffet y del Gobernador de Chiapas Julio César Ruiz Ferro, así como por la aprehensión de Jacinto Arias Cruz, presidente municipal de Chenalhó por ser sospechoso de haber proporcionado el armamento necesario para realizar la acción. Sin embargo el hecho de que no ha sido investigado ningún funcionario de alto rango, como el ex Presidente de la República Ernesto Zedillo o dirigentes militares, hace sentir a las comunidades abejas que la acción se mantiene impune.

Por otro lado Las Abejas refieren que el hecho de que acciones como la masacre de Acteal, o casos como los de Aguas Blancas en 1995 o Oaxaca y San Salvador Atenco en el 2006 se mantengan en la impunidad, refleja las intenciones que tiene el Estado mexicano de destruir a toda costa, sin importar el costo en vidas humanas, los movimientos que buscan impulsar un cambio social.

A 10 años de ocurrido el hecho que modificó tajantemente las dinámicas sociales de las comunidades abejas, Acteal se presenta como un punto desde el cual se emite una declaración de repudio ante las relaciones asimétricas que impulsa el gobierno mexicano en contra de las comunidades indígenas.

Nombre y edad de las víctimas de la masacre

María Pérez Oyalte, 43 años,Martha Capote Pérez, 12 años,Rosa Vázquez Luna, 24 años, Marcela Capote Ruiz, 29 años ,Marcela Pucuj Luna, 67 años, Loida Ruiz Gómez, 6 años,Catalina Luna Pérez, 21 años, Manuela Pérez Moreno, 50 años Manuel Santiz Culebra, 57 años Margarita Méndez Paciencia, 23 años Marcela Luna Ruiz, 35 años, Micaela Vázquez Pérez, 9 años, Josefa Vázquez Pérez, 5 años, Daniel Gómez Pérez, 24 años, Sebastián Gómez Pérez, 9 años, Juana Pérez Pérez, 33 años, María Gómez Ruiz, 23 años, Victorio Vázquez Gómez, 2 años, Verónica Vázquez Luna, 22 años, Paulina Hernández Vázquez, 22 años, Juana Pérez Luna, 9 años, Roselina Gómez Hernández (?), Lucía Méndez Capote, 7 años, Graciela Gómez Hernández, 3 años, Marcela Capote Vázquez, 15 años, Miguel Pérez Jiménez, 40 años, Susana Jiménez Luna, 17 años, Rosa Pérez Pérez, 33 años, Ignacio Pucuj Luna, 62 años, María Luna Méndez, 44 años, Alonso Vázquez Gómez, 46 años, Lorenzo Gómez Pérez, 46 años, María Capote Pérez, 16 años, Antonio Vázquez Luna, 17 años, Antonia Vázquez Pérez, 21 años, Marcela Vázquez Pérez, 30 años, Silvia Pérez Luna, 6 años, Vicente Méndez Capote, 5 años, Guadalupe Gómez Hernandez, 2 años, Micaela Vázquez Luna, 3 años, Juana Vázquez Luna, 1 años, Alejandro Pérez Luna, 15 años, Juana Luna Vázquez, 45 años, Juana Gómez Pérez, 51 años, Juan Carlos Luna Pérez, 2 años

Texto: Jaime Schlittler Álvarez

Fotos: Moisés Zúñiga Santiago y Pedro Valtierra

TSOBLE BATS’I ANTSETIK YU’UN CHANUL POM

GUARDIANAS DE LOS DERECHOS DE LAS MUJERES

En el año de 1992 tres herman@s (Agustín, Catarina y María Hernández López) heredan de su padre fallecido un terreno en la comunidad de Tsajal Chen, municipio de Chenalhó, Los Altos de Chiapas; Por su parte, las dos hermanas reclaman su derecho a la tierra, pero en un contexto social donde esta práctica no estaba permitida, se les niega la tenencia de la misma. Este conflicto familiar pasa a mayores proporciones y para combatir las injusticias de las cuales eran victimas, algunos miembros de diferentes comunidades se organizan para formar un movimiento social pacifista, lo que hoy se conoce como Sociedad Civil Las Abejas.

(“Organización Sociedad Civil Las Abejas”; Jaime Schlittler;abejas.blogspot.com)

Dentro de la Organización Sociedad Civil Las Abejas, y tomando como antecedentes estos actos de injusticias para con las mujeres, el 11 de Octubre del 2006, con el consenso de la Mesa Directiva, se crea el Grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas (Tsoble Bats’i Antsetik Yu’un Chanul Pom). Este grupo de mujeres esta conformado por diez representantes de diferentes comunidades (Elena Vázquez Pérez, María Luna Pérez, Micaela Pérez Pérez, Ofelia Gómez Hernández, Lucía Gutiérrez Pérez, Verónica Arias Pérez, Rosa Gómez Hernández, Virginia Arias Ruiz, Manuela Pérez Vázquez y María Vázquez Gómez) y sus principales objetivos son incrementar la participación de las mujeres dentro y fuera de sus comunidades e impulsar el respeto a los derechos de las mujeres.

Elena Vázquez Pérez y Ofelia Gómez Hernández, ambas representantes del grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas, comentan que “el machismo y la discriminación aún continúan en las comunidades; si bien los hombres de La Sociedad Civil Las Abejas apoyan y fomentan la participción de las mujeres, sigue resultando sumamente importante unirse para fortalecer lazos entre mujeres y con otras organizaciones, darse apoyo mutuo y continuar impulsando el reconocimiento de los derechos de las mujeres, no sólo para abrirse paso en su camino, sino tambíen, para servir como guías en el futuro”.

En el marco de la conmemoración de los 10 años de la masacre de Acteal y los 15 años de la fundación de la Sociedad Civil Las Abejas, el grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas estuvo realizando una serie de actividades previas, tales como reuniones y talleres de capacitación, en diferentes comunidades con el fin de recoger la palabra y la voz de las mujeres; Sus exigencias son: Respeto a las mujeres y sus derechos, justicia y paz en el pueblo Maya, justicia por los desplazamientos y la masacre, desarme de los paramilitares y retirada de sus campamentos en la region y una vida digna para las mujeres, niñas, jóvenes, adultas y ancianas…”Construyamos la paz de acuerdo con nuestra cultura maya. Sigamos adelante en nuestra lucha…”

El grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas cuenta con el apoyo financiero de la Organización Paz y Diversidad Australia cuyo coordinador general, Justin Coburn, comenta: “El papel de la organización es mejorar y ampliar la participación de las mujeres, así como impulsar el reconocimiento y respeto de sus derechos, sin embargo, ellas son las que toman las desiciones y se organizan”. Así mismo, el Grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas, también cuenta con el apoyo de Cecilia Santiago, psicóloga comunitaria, cuyo papel principal es colaborar y acompañar al grupo, facilitar espacios y reuniones, generar confianza y reflexión, y reflejar el proceso organizativo del grupo.

Texto: Belén Ferreyra Soteras.

Fotos: Moisés Zuñiga Santiago. Belén Ferreyra Soteras.

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A nombre de: Ofelia Gómez Hernández y Elena Vázquez Pérez



TSOBLE BATS’I ANTSETIK YU’UN CHANUL POM

XCHABI-IK SLEKILAL SKOTOL ANTSETIK


Ta ya’bilal 1992, kuts’ kalaltik ja sbi’ik (Agustín, Catarina xchi’uk María Hernández López) i kom yosilik k’alal i-cham stotik, li’ osile ja’ te oy ta slumal tsajal ch’en, municipio yu’un chenalhó te ta yosilal Altos yu’un Chiapa; li’ xchibal tsebetike te la sk’anik-ek yosilik, pe muyuk’ ich’bil ta muk’ sk’opik ja’ ti muyuk’ jech ch’unbil ti antsetik stak’ xichik’ yosilik ja’ noox vinik stak’ sk’an yosil. Ja’ te i-lik k’op ta ju chop jnaklejetik ja’ ti oy boch’otik mu’yuk lek yilik ti mu ich’bilik ta muk’ li antsetike, ja’yo te la stsomsbaik jnaklejetik ta jteklumetik sventa xich’ pasel jun tsoblej buch’utik mu sk’anik k’op. li’ tsoblej ja’ la yak’beik sbi’ ta kaxlan k’op Sociedad Civil Las Abejas (tsoblej chapul pom).

(“Organización Sociedad Civil Las Abejas”; Jaime Schlittler;abejas.blogspot.com)

Li’ tsoblej chapul pom la yil ti svokol antsetik, ja’yo te ta buluchi’m yotolal yual octubre yu’un ya’bilal 2006 la yich’ pasel Tsoblej Bats’i Antsetik Yu’un Chanul Pom, li’ ta tsobleje ja’ te oyik lajuneb bats’i antsetik ja’ sbi’ik (Elena Vázquez Pérez, María Luna Pérez, Micaela Pérez Pérez, Ofelia Gómez Hernández, Lucía Gutiérrez Pérez, Verónica Arias Pérez, Rosa Gómez Hernández, Virginia Arias Ruiz, Manuela Pérez Vázquez xchi’uk María Vázquez Gómez) ti k’usi sk’anik li’ antsetike ja’ ti ich’bil ta muk’ sk’opik te bu nakalik xchi’uk ta yantik lumetik, jech k’uch’al ak’o chlaj ti uts’intaele.

Elena Vázquez Pérez xchi’uk Ofelia Gómez Hernández, ja’ik representante yu’un tsoblej bats’i antsetik yu’un chapul pom, ja’ jech la yalik “ta jteklumetike oy to chkaytik uts’intael yu’un viniketik, melel ti ta tsoblej chapul pom oy koltael yu’un viniketik, ta xich’ik ta venta jk’optik, pe tsots to sk’oplal ti koman chij a’mtej vinik antsetik, yantik tsoblejetik, sventa ich’bilutik ta muk’ ti antsetike ta skotol k’ak’al, tsots sk’oplal jkoltajbatik ta jkotoltik, sventa xlaj ti uts’intaele”.

Lok’ xa ta lajuneb a’bil ti la yich’ik milel kuts’ kalatik ta Acteal xchi’uk oy xa ta svo’lajunebal a’bil ti la yich’ pasel stsoblej chapul pom, li’ tsoblej bats’i antsetik yu’un chapul pom, tsots a’mtejik, te la stsomsbaik, la yak’ik chanubtasel bi’jumtasel ta jteklumetik sventa xchikintael, spukel sk’op slo’il antsetik, k’usi ska’nik ja’: ich’bil ta muk’ skotol antsetik, jech k’uch’al slekilal bats’i jnaklumetik, ak’o xich’ik koltael buch’utik abulsbaik nutsbilik ta slumalik, jech no’ox-tok li’ antsetike ta ska’nik ak’o xich’ pojel stuk’ik yu’un buch’utik sa’ik k’op, sventa slekilal skuxlejal li’ ololetik, tsebetik, antsetik xchi’uk me’eletike…”Komon jsa’tik jlekilaltik k’ux-elan stalel skuxlejal bats’i jnaklumetik. Mu jkechantik ka’mteltik”

Li’ tsoblej bats’i antsetik yu’un chanul pom, te staik koltael ta tak’in yu’un Organización Paz y Diversidad Australia. Jtunel j-a’mtel ta tsoblej ta yan lum ja’ sbi Justin Coburn, ja’ la yal: “ti k’usi ta jk’antike ja’ ti ich’bil ta muk’ li antsetike sventa muyuk’ xa bu uts’intabilik, pe ja’ stukik boch’otik xchapansbaik. Jech no’ox-tok li’ tsoblej bats’i antsetik yu’un chapul pom staik koltael yu’un jun ants ja’ sbi Cecilia Santiago, b’ijil ants ch-a’mtej ta jteklumetik, ti k’usi ta spas li’ ants’e ja’ ta xkoltavan, ta xchi’in li’ bats’i antsetik sventa stsomsbaik xchapansbaik lek, ak’o mu xi’ik li antsetike, jech no’ox-tok sa’bel slekilal ti skotol bats’i antsetik sventa lek chbat stuk’il li’ tsobleje.

Texto: Belén Ferreyra Soteras.

Traducción: Xmal Arias Martínez.

Fotos: Moisés Zuñiga Santiago. Belén Ferreyra Soteras.

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A nombre de: Ofelia Gómez Hernández y Elena Vázquez Pérez

sábado 22 de diciembre de 2007

Radio en vivo desde Acteal

Escucha la transmisión en vivo desde Acteal, Chiapas, México.
En el encuentro contra la impunidad y por la justicia.
Campaña 10 y 15.

Abrir este vínculo desde tu reproductor de audio :
http://giss.tv:8000/radiochanul-pom.mp3
- se recomienda Winamp -

viernes 21 de diciembre de 2007

Acteal a través de un lente tsotsil

A diez años de la masacre de Acteal la Sociedad Civil Las Abejas ha impulsado un proyecto de producción de video que busca llevar la palabra y sentir de las comunidades abejas al resto del mundo.

Con el video titulado “Acteal; 10 años de impunidad y cuántos más”, el videoasta tsotsil José Alfedo Jiménez Pérez, de la comunidad de Nuevo Yibeljoj ofrece el otro lado de la historia al comunicar las voces e imágenes desde la perspectiva interna de las comunidades, contrario ha como ha venido sucediendo hasta el momento en que la situación de las comunidades indígenas de Los Altos y en específico el tema de Acteal ha sido abordada siempre desde la visión del kaxlan (extranjero).

El director abeja tiene como intención expresar que “a diez años de lo sucedido siguen en impunidad los crímenes del estado mexicano en contra de los pueblos indígenas y queremos que todo el mundo sepa la forma en que nosotros desde nuestra lucha buscamos construir una paz con justicia y dignidad”.

Un primer corte del video se presentará durante la tarde de este viernes 21 de diciembre en la comunidad de Acteal en el marco del “Encuentro Nacional e Internacional en contra de la Impunidad; Acteal 10-15”. El video final se planea estar listo para la primera mitad del 2008 y se distribuirá nacional e internacionalmente.

Texto: Jaime Schlittler Álvarez
Foto: Belén Ferreyra Soteras

CRONICA DIA 1. ENCUENTRO NACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD

Las abejas, Acteal, Chenalhó. 21 de diciembre de 2007

En la tierra sagrada de los mártires de Acteal el día jueves 20 diciembre de 2007, las comunidades “abeja” anfitrionas, recibieron alrededor de 150 personas procedentes de 53 organizaciones y venidos de distintos lugares de la geografía estatal, nacional y mundial. Todos nuestros visitantes llegan con un solo propósito: combatir la impunidad en nuestra nación mexicana. El encuentro nacional contra la impunidad pretende generar estrategias y mejorar la organización para estar unidos en esta lucha.

Como parte del itinerario de actividades, el día de ayer se esperaba la llegada de Monseñor Samuel Ruiz García pero, por causas de fuerza mayor, no pudo arribar hasta esta localidad. Las personas que sí pudieron llegar fueron los demás ponentes: Edgar Cortés, perteneciente a la red de Derechos Humanos “Todos los Derechos Para Todos”; El lic. Luis Arriaga del centro de derechos humanos (CDH) “Miguel Agustín Pro Juárez”; La lic. Guadalupe Morfín y la representante del CDH “Fray Bartolomé de las Casas, de San Cristóbal de Las Casas, Itzel Silva. Ellos expusieron su punto de vista en cuanto a esta problemática que aqueja a todos.

Alrededor de las 11:45 de éste día se dio inicio a las actividades planeadas. Se comenzó con las palabras de apertura dadas por Elena Vásquez Pérez, perteneciente al grupo de mujeres de las abejas. Posteriormente se pasó a la ceremonia de rezo, realizada por el “Totik” (padre) Mariano Gómez Puy quien pidió que las actividades se realizaran en tranquilidad y paz, recordando a su vez, a los 45 mártires que fallecieron en diciembre de 1997.

Las participaciones de los expositores recordaron otros casos de impunidad como la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968 (que el próximo año cumplirá su 40 aniversario), el conflicto del magisterio en Oaxaca, el de San Salvador Atenco, Estado de México, entre otros. Recalcaron que nunca se hizo, o se ha hecho justicia, y las averiguaciones nunca llegaron a su final ni se otorgó sentencia para los culpables (actores intelectuales principalmente).

Por estas y muchas razones más, el día de ayer, se tocaron estos temas: “La articulación de las organizaciones” (lic. Luis Arriaga); “Análisis de la realidad nacional” (lic. Edgar Cortés), “Derecho y justicia por los asesinatos contra las mujeres” (lic. Guadalupe Morfín); “Presentación del proceso jurídico actual de la Masacre” (lic. Itzel Silva, de la CDH de San Cristóbal de Las Casas); “Buscar formas de garantizar el acceso a la Justicia de los pueblos y organizaciones Marginados” (grupo de “Mujeres Mayas de Las Abejas”). Los temas expuestos se enfocaron en las injusticias que se comenten en México, ante lo que argumentó Edgar Cortés que “en México no contamos con garantías individuales y mucho menos los indígenas”; Luís Arriaga mencionó que “los acuerdos se deben tomar junto con la sociedad civil y no a sus espaldas”; Guadalupe Morfin señaló cuatro puntos fundamentales: Investigación y sanción sobre los responsables; Reparar los daños; Adoptar las medidas necesarias para que no se repitan los hechos ocurridos en Acteal y que la comunidad sepa la verdad. Casi finalizando el día, el grupo de “Mujeres Mayas de Las Abejas”, evidenciaron sus aportes en las comunidades y además se recordó que ellas son las precursoras de los derechos de las mujeres en estas comunidades; ellas reclamaron sus derechos para poseer sus tierras que por herencia les pertenecía y les pertenece.

Lo expuesto el día de ayer nos abre, aún más, el panorama de la situación que se vivió en 1997 y el contexto que vivimos en la actualidad. Hubo sanciones a los agresores, sí, pero la impunidad de la que hablamos se refiere más a los responsables intelectuales que no han sido juzgados y, parece ser, que el camino se pone más complicado, pues el gobierno actual ha fortalecido, como nunca, al ejercito nacional. Cabe señalar que ellos son los más directos en la culpabilidad de los hechos ocurridos, pero, en palabras de Guadalupe Morfín, “Acteal es la antorcha que ilumina en medio de la noche y nos da esperanzas para seguir luchando por la justicia que seguimos buscando”.

Texto: Nestor Abel Jiménez Díaz

ACTEAL: DERECHO Y JUSTICIA POR LOS ASESINATOS CONTRA LAS MUJERES

El día de ayer, 20 de Diciembre del 2007, dentro del marco del encuentro Nacional e Internacional Contra la Impunidad Acteal 10 y 15, se llevó a cabo una conferencia y mesa de discusión sobre los asesinatos contra las mujeres cometidos en la Masacre sucedida en 1997.

Como ponentes se contó con la participación de Maria Guadalupe Morfín Otero, comisionada del Gobierno Federal durante tres años en la investigación de los asesinatos de las mujeres en ciudad Juárez; y tres representantes del Grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas: Ofelia Gómez Hernández, María Vázquez Gómez y Micaela Pérez Pérez.

Guadalupe Morfín Otero comenzó su participación diciendo: “En nuestro país, la masacre de Acteal y el feminicidio en Ciudad Juárez han sido quizá los dos agravios que más han merecido la visita de relatores y expertos de derechos humanos”, dado que el 22 de Diciembre de 1997 18 mujeres adultas, cinco de ellas con embarazos, y 16 mujeres menores de edad, fueron las principales victimas de la masacre. Agregó también que falta mucho por hacer, al menos en Ciudad Juárez, falta sobre todo esclarecer algunos de los casos más dramáticos, sobre todo los del Campo Algodonero y los del Cerro de Cristo Negro.

Por su parte, el Grupo de Mujeres Mayas de Las Abejas comunicó: “Nosotras como mujeres hemos sufrido mucho. El gobierno no nos respeta. Para ellos, las mujeres indígenas no valen nada, igual como los animales, como si no tuviéramos alma”, y agregando posteriormente: “…Pero aunque nos quisieron terminar desde nuestras raíces, seguimos resistiendo. Durante años hemos trabajado muy duro para sobrevivir, conservar nuestra cultura y la armonía con la naturaleza y los creadores y formadores”.

Finalmente se invitó a todos los presentes a colaborar juntos para lograr organización en las comunidades, fortalecer la participación de las mujeres, a ser valoradas y reconocidas en formas de ser y sabiduría, denunciar las injusticias y romper el silencio.

Texto: Belén Ferreyra Soteras.
Fotografías: Belén Ferreyra Soteras. Moisés Zuñiga Santiago.

INAUGURACIÓN DEL ENCUENTRO NACIONAL E INTERNACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD ACTEAL 10 Y 15

En el marco de la conmemoración de los diez años de la masacre de Acteal, hoy 20 de Diciembre de 2007, comenzó el encuentro previo que durará dos días y en el cual se desarrollarán una serie de conferencias, mesas de discusión y debate, presentación de videos y distintas actividades culturales.

En dicho encuentro se conmemoran los 10 años de la masacre sucedida el 22 de Diciembre de 1997 y los 15 años de la fundación de la Organización Sociedad Civil Las Abejas, es por ésto que la campaña se denomina Acteal 10 y 15.

El encuentro tuvo comienzo a las 11:30 AM en la Ermita de Acteal en donde el Presidente de la Organización Las Abejas, Diego Pérez, pronunció unas palabras de bienvenida a la sociedad civil nacional e internacional e invitó a los representantes de las principales organizaciones (Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, SiPaz!) a acceder al presidium; Posteriormente, Elena Vázquez Pérez, representante del grupo de mujeres, también dio unas palabras de bienvenida y le cedió el turno a Catalina Méndez, sobreviviente de la masacre, que en tsotsil, pidió el esfuerzo de todas y todos los presentes para lograr la paz y la justicia.

Para concluir la inauguración del encuentro, el Concejo de Ancianos sembró y prendió velas en el piso de la Ermita como símbolo de paz en honor a los niños, mujeres (Antsetik) y hombres (Viniketik) fallecidos en la masacre, y se llevo a cabo el rezo tradicional acompañado de su música.

Se contó un total de 90 personas y 41 organizaciones presentes en la inauguración del encuentro nacional e internacional contra la impunidad Acteal 10 y 15.

Textos: Belén Ferreyra Soteras.
Fotografías: Jaime Schlittler Álvarez.

Organización Sociedad Civil Las Abejas

Un movimiento social pacifista para el respeto de los derechos indígenas

En el año de 1992, tres herman@s: Agustín, Catarina y María Hernández López, heredan, de su padre recientemente fallecido, un terreno de 120 hectáreas en la comunidad de Tsajal Chen, municipio de Chenalhó, Los Altos de Chiapas. En un contexto en el cual la costumbre social no permitía la tenencia de tierra por parte de mujeres, Agustín buscó exigir la exclusividad de la propiedad e ignorar el derecho de sus hermanas a recibir la herencia.

Prontamente este pequeño conflicto familiar toma proporciones políticas ya que diversos grupos ideológicos y organizaciones civiles se involucraron en las pugnas por el derecho agrario de las mujeres. Esta situación provoca que Agustín dispare contra tres hombres que apoyaban las resoluciones a favor de sus hermanas: Lorenzo, Nicolás y Vicente Hernández López, quedando heridos los dos primeros y resultando muerto el último.

Sin importar su responsabilidad directa en los actos de violencia, Agustín acudió al juez municipal y declaró que la culpabilidad de todo el conflicto recaía en 5 individuos: Mariano Pérez Vázquez, Sebastián Pérez Vázquez, Felipe Hernández Pérez, Antonio Pérez Gutiérrez y Manuel Pérez Gutiérrez, todos de la comunidad de Tsajal Chen, situación que provoca el arresto ilegal de estas 5 personas que son llevadas al CERESO no. 5 en San Cristóbal de las Casas. Debido a esto, 400 hombres y mujeres tsotsiles, católicos y presbiterianos de diferentes comunidades del municipio de San Pedro de Chenalhó, organizaron marchas para exigir la liberación de los presos.

Al observar que organizados podían hacer frente común a las injusticias de las que eran víctimas, en diciembre de 1992 decidieron agruparse como sociedad civil bajo el nombre Las abejas, organización conformada en un principio por 200 personas de 8 comunidades, todas de Chenalhó. En la actualidad la Sociedad Civil Las Abejas integra a 43 comunidades de 6 municipios distintos, en su mayoría tsotsiles: Chenalhó, Pantelhó, Chalchihuitán, Simojovel y Zinacantán, y uno tseltal: Tenejapa.

Las comunidades abejas están regidas por una mesa directiva de 7 miembros, que varía cada año con sede en Acteal. Cada comunidad abeja tiene su propio representante, un comité de educación, otro de salud, algunos patronatos (de agua o luz, por ejemplo), y los problemas más graves se solucionan con la ayuda del Concejo de Ancianos.

La lucha de las abejas se ha visto fortalecida mediante la creación de distintos proyectos productivos y de organización comunitaria: En 1999 se fundó la cooperativa Maya Vinic (Hombre Maya) productora de café y miel. Para el 2001 se constituyó la cooperativa de producción de textiles Maya Antsetik (mujeres mayas). En 2003 se estableció “en algún lugar del corazón de Los Altos de Chiapas la Radio Chanulpom (radio abeja) que transmite en español, tsotsil y tseltal a todas las comunidades abejas. Para el 2005 se conforma el grupo de video que hasta la fecha ha realizado diversas producciones audiovisuales.

La organización Las Abejas representa un movimiento de lucha pacífica que busca la autonomía y respeto de los derechos indígenas. Este mes se conmemoran los 15 años de su fundación y su celebración se da en el marco del Encuentro Nacional e Internacional en contra de la impunidad; Acteal 10-15.


Texto: Jaime Schlittler Álvarez
Fotos: Moisés Zúñiga Santiago

lunes 10 de diciembre de 2007

ENCUENTRO NACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD

ENCUENTRO NACIONAL CONTRA LA IMPUNIDAD
Acteal Chenalhó, Chiapas; México
20 y 21 de Diciembre 2007
.


PROGRAMA GENERAL
20 DE DICIEMBRE

8:00 a 9:30 a.m. Inscripción para el encuentro.

INICIO
9:30 Inauguración
Rezo de anciano (con música tradicional)

PONENTES
11:00 Análisis de la realidad nacional (Edgar Cortés, Red de Derechos Humanos ”Todos los Derechos Para Todos”)
11:35 Estrategias de lucha contra la impunidad (Mons. Samuel Ruiz)
12:10 Buscar y fortalecer una respuesta alternativa al sistema de justicia mexicano. (Comités de la CRAC-Policía Comunitaria de Guerrero)
12:45 Articulación de las organizaciones (Lic. Luís Arriaga CDH Miguel Agustín Pro Juárez)
13:20 a 14:00 Preguntas.

14:00 a 16:00 Comida

16:00 Derecho y Justicia por los asesinatos contra las mujeres. (Lic. Guadalupe Morfín)
16:35 Buscar formas de garantizar el acceso a la Justicia de los pueblos y organizaciones Marginados. ( )
17:10 Presentación del proceso jurídico actual de la Masacre de Acteal (CDH Fray Bartolomé de las Casas)
17:45 a 18: 20 Preguntas.

18:20 Actividades culturales.
19:00 Cena
20:30 Actividades culturales y videos.
22:30 Cierre.

21 DE DICIEMBRE.

6:30 Trabajo en mesas
8:00 Desayuno
9:30 Trabajo en mesas
11:00 Plenaria
12:30 Acuerdos por regiones
Preparación de la declaración final del Encuentro.
14:00 Comida /actividad cultural
15:00 Conferencia de Prensa y lectura de la Declaración
16:00 Plenario de Acuerdos
19:00 Vigilia de Oración por los caídos.
21:00 Videos y baile
22:30 Cierre.

22 DE DICIEMBRE

1. Izar la Bandera de Paz y Bandera Nacional 6:00 a.m. e himno nacional.
2. Procesión y recepción de los Obispos
3. Caracol en el monumento de la infamia
4. Introducción
5. Presentación
6. Bienvenida y canto (coro de Acteal).
7. Comunicado
8. Presentación de seña (Sobrevivientes)
9. Celebración de la Santa Misa.
10. Agradecimiento y comida
11. Acto Cívico


Centro de coordinación:

SICSAL-MEXICO
(Oficina de Mons. Samuel Ruiz)Patricio Sanz 449Col Del ValleMéxico, D. F. C.P. 03100
Teléfono y Fax: (55) 55 23 95 82Fuera de México + 52 (55) 55 23 95 82Correo: sicsal@laneta.apc.org

Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, A.C.
Calle Brasil 14, Barrio Mexicanos, 29240
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, MéxicoTeléfonos: 967 6787395, 967 6787396, 967 6783548 Fax: 967 6783548Correo: frayba@frayba.org.mx

Directo:
Organización Sociedad Civil Las Abejas
Comunidad de Acteal
Chenalhó, Chiapas; México.
Carretera San Cristóbal de Las Casas- Pantelhó, Chiapas.
Teléfono: 012013041181
Correo: Actealporlajusticiaylapaz@hotmail.com

Invitación al décimo aniversario de la masacre y los 15 años de la fundación de las Abejas ...


La Organización Sociedad Civil Las Abejas, invita a todas las comunidades, pueblos, organizaciones, hombres y mujeres de México y del mundo a celebrar juntos y juntas la memoria de nuestras hermanas y hermanos masacrados por la justicia, la paz… el 22 de diciembre de 1997.

En el marco del décimo aniversario de la masacre y los 15 años de la fundación de las Abejas, convocamos al Encuentro Nacional Contra la Impunidad que se realizará en la comunidad de Acteal, los días 20 y 21 de diciembre del año 2007; y el 22, la celebración Eucarística en memoria de nuestros seres queridos.

Las /os esperamos en la comunidad de Acteal, en el rostro de nuestra madre tierra, donde corrió la sangre de nuestras hermanas y hermanos quienes caminábamos juntos en la búsqueda de la justicia y la paz. Para hacer juntos que la muerte se convierta en vida, el recuerdo iluminen nuestros corazones y mentes, y resplandezca nuestro camino en el horizonte hacia la construcción de un mundo digno y justo para todas y todos.

Desde Acteal de los Altos de Chiapas, columna de la infamia en el mundo.



A T E N T A M E N T E
La Organización Sociedad Civil “Las Abejas”



A diez años… lo invitamos a recordar para no olvidar siempre…
Hasta que la justicia se siente entre nosotras y nosotros…
Correos Electrónicos:
actealporlajusticiaylapaz@hotmail.com
lasabejasacteal@hotmail.com
antsetikchanulpom@gmail.com

Acteal: ni borrón ni cuenta nueva ...

Acteal: ni borrón ni cuenta nueva
Proceso: José Gil Olmos


ACTEAL, CHIS.- El padre Pedro Arriaga, vicario de la diócesis de San Cristóbal de las Casas para la región tztotzil, afirma que la matanza de 45 indígenas el 22 de diciembre de 1997 en esta comunidad fue una acción premeditada por el Estado, como parte de un plan de contrainsurgencia para debilitar al EZLN.

Diez años después de esa matanza, el sacerdote jesuita sostiene que Felipe Calderón tiene el reto de seguir las investigaciones y castigar a los responsables intelectuales, entre ellos al expresidente Ernesto Zedillo, pues como jefe del Ejército no intervino para impedirlo.

El párroco de Chenalhó, municipio en el que se ubica Acteal, destaca un dato que, dice, podría explicar los intentos del escritor Héctor Aguilar Camín por exonerar al expresidente Ernesto Zedillo con sus artículos publicados recientemente en la revista Nexos:

“El caso de Acteal ya está en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la posibilidad de que se dicte una resolución en contra de algunos personajes políticos importantes es quizá la razón de los escritos de Aguilar Camín. Si no hay justicia en un país, están los tribunales internacionales, que pueden juzgar a los responsables de matanzas o a dictadores, como fue el caso de Pinochet.”

El caso de Acteal volvió a ser objeto de debate en los medios durante las últimas semanas. Tras aquella masacre –perpetrada durante siete horas el 22 de diciembre de 1997– se implicó a 124 personas, pero sólo 83 fueron detenidas y sometidas a proceso. De ellas, seis quedaron exoneradas, una murió en prisión y otra más está confesa. Hasta la fecha solamente se les ha dictado sentencia condenatoria de 36 años a 24 de los presos.

En noviembre de 2006 un grupo de investigadores del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) e integrantes de la agrupación política nacional Alternativa Ciudadana 21, así como el historiador Aguilar Camín, anunciaron que defenderían a la mayoría de los presos porque, dijeron, hay pruebas de su inocencia.

Y aunque las autoridades no hablan de ningún autor intelectual implicado en la matanza, la agrupación civil Las Abejas, a la que pertenecían los indígenas sacrificados, señala como principal responsable al expresidente Zedillo.

Así, en un comunicado leído poco antes de la misa del pasado 22 de noviembre en la ermita de Acteal, construida sobre el terreno donde cayeron los indígenas asesinados, integrantes de Las Abejas exclaman:

“Qué vergonzoso que hasta ahora no se haya hecho justicia contra los autores intelectuales de la masacre de Acteal y que (éstos) gocen de total impunidad; algunos de ellos están en el poder, unos más en otros países mostrándose decentes u honestos. Un ejemplo es Ernesto Zedillo, autor intelectual de la masacre de Acteal que dijo en España que se investigó a fondo y que lamenta lo que pasó.”

–¿Hay una responsabilidad del entonces presidente Ernesto Zedillo por omisión? –se le pregunta al padre Arriaga.

–¡Claro! Es el jefe de las Fuerzas Armadas. A dos kilómetros de Acteal estaba el Ejército acampado. La masacre empezó a las diez y cuarto de la mañana y terminó a las 5 de la tarde. ¿Por qué no actuó? Esto estaba planeado, se organizaron para actuar. La existencia de los paramilitares evidenció la ayuda que tuvieron del Ejército.

“Que se haga justicia”

El padre Arriaga, quien llegó a Chiapas en 1997, trabajó durante la década de los ochenta en los campamentos de refugiados centroamericanos en Campeche. Entrevistado en la ermita de Acteal, el párroco critica los artículos de Aguilar Camín publicados en las ediciones de octubre, noviembre y diciembre de la revista Nexos bajo el título Regreso a Acteal:

“Me parece que es un escrito indignante; la argucia intelectual para camuflar o confundir con datos los hechos que ocurrieron es indignante. No son escritos hechos con sinceridad, con claridad; además, están reflejando en gran parte la postura que han ido teniendo los evangélicos de querer liberar a los presos y de ‘borrón y cuenta nueva’, de olvidarnos de Acteal.”

Y se explaya: “Nuestra postura es que primero se haga justicia. Después viene la paz. Un ejemplo que damos es que cuando el Papa Juan Pablo II sufrió un atentado fue a la cárcel a perdonar a su agresor, pero no a pedir que lo dejaran libre. Aquí es lo mismo, no por un sentido de venganza, sino de que se aplique la justicia. De no hacerlo, estaríamos consintiendo la impunidad.”

El vicario explica que mientras en México no se ha hecho justicia, el caso de Acteal ya fue aceptado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y es probable que se reconozca la culpabilidad de algunos personajes políticos importantes.

“Por eso tal vez puede haber cierto temor en México de que la Corte emita una resolución y por eso quieren aplacar las cosas aparentando que ya se hizo justicia. Las indemnizaciones, los programas de ayuda que están proponiendo para Las Abejas, las ofertas económicas para la cooperativa de café, todas estas acciones intentan aplacar las demandas de justicia. La propia creación de una fiscalía por parte del gobernador Juan Sabines lleva esa intención”, sostiene Arriaga.

Considera que lo anterior apunta hacia la renovada defensa de los presos implicados en la masacre, y afirma que incluso existe la versión de que el presidente Calderón se comprometió con la Iglesia evangélica a poner en libertad a algunos de los indígenas presos que profesan esa religión y que presuntamente son inocentes.

Según Arriaga, la interpretación de la matanza como un conflicto interreligioso es falsa. Recuerda que en 1998 hubo un evento ecuménico en el templo evangélico de Yabteclum, lo que “prueba que había buenas relaciones entre católicos y presbiterianos. Lamentablemente muchos de los acusados de la masacre son evangélicos, pero también hay algunos católicos; es decir, no había una selección sólo de evangélicos en ese grupo”.

Otra versión indicaba que con esa matanza se trató de aterrorizar a los pueblos indígenas para que renunciaran a sus organizaciones, y una tercera mencionaba que el golpe tuvo como propósito amedrentar a la Iglesia católica, en particular a la diócesis de San Cristóbal, porque entre las personas sacrificadas había algunos catequistas.

Sin embargo, afirma el religioso, lo único claro es que la matanza fue un hecho planeado: duró cinco horas, y cuando se avisó a las autoridades, éstas respondieron que sólo eran “disparos al aire”.

–A 10 años de ocurrida la matanza ¿sigue considerándose como una maniobra montada por el Estado?

–Sí, cada vez es más claro. Los testigos están confirmando que fue una estrategia de Estado. Hay incluso testimonios que señalan que el gobernador Julio César Ruiz Ferro ya sabía que él iba a caer al siguiente día. Ese tipo de testimonios nos dicen que ya había algo planeado… No fue una acción inesperada. Hubo un plan, y quienes tendrían mayor responsabilidad son los oficiales de la policía y del Ejército.

Arriaga insiste en que si bien el golpe fue brutal para los indígenas feligreses, se revirtió desde la fe, pues ahora Acteal es una fuente de fuerza espiritual.

“Para nosotros los católicos ha sido una fuente de espiritualidad, de retiros, encuentros de la diócesis, peregrinaciones a pie hasta la Basílica de Guadalupe. Es una fuente de fuerza y un sentido de espiritualidad.”

El vicario de la diócesis de San Cristóbal asegura que, para evitar que el gobierno estatal divida a la cooperativa Las Abejas haciendo ofertas de indemnización a sus líderes, es el momento de esclarecer los hechos, de aplicar la justicia y encontrar a los culpables.

“El trasfondo de Acteal es la injusticia social, de marginación y pobreza. Eso está inscrito en la gran lucha indígena zapatista y de todos los pueblos indígenas y campesinos rezagados, marginados.”

–¿Felipe Calderón tiene la responsabilidad de reiniciar la investigación e ir hasta las últimas consecuencias?

–De alguna manera sí. Él es el representante del Ejecutivo federal, pero llevamos un sexenio en que la causa indígena está en el olvido. El comisionado Luis H. Álvarez no hace nada, mientras que la fiscalía que creó el gobernador Juan Sabines no tiene resultados.

domingo 9 de diciembre de 2007

Se acerca ya la conmemoración del X Aniversario de la masacre de Acteal

México, D.F. 8 de diciembre de 2007

Queridas hermanas y hermanos en la solidaridad.

Se acerca ya la conmemoración del X Aniversario de la masacre de Acteal y la celebración de los 15 Años de fundación de la Sociedad Civil "Las Abejas".

Algunas y algunos nos han preguntado por el Programa del Encuentro Nacional Contra la Impunidad que se celebrará en Acteal los días 20 y 21 del presente, previo al aniversario del martirio. Aquí lo tienen, en el añadido. Para abrirlo se encesita el programa Adobe Reader.
Se puede bajar de manera gratuita desde la página: http://descargas.terra.es/ie/9592-Adobe-Reader

Así mismo, nos preguntan si habrá una caravana o algún autobús o transporte común para viajar a Chiapas desde el D.F., Puebla y Cuernavaca...

Sobre este punto, compartimos lo siguiente:

1.- Desde el SICSAL hemos apoyado e impulsado la preparación y celebración de este Encuentro, y nos hubiera dado un gusto enorme haber podido organizar esta caravana. Pero las limitaciones económicas y de personal nos impiden hacernos cargo, pues quienes laboramos en estas oficinas nos vamos desde el día 18 a Chiapas, para seguir
colaborando en los preparativos.

2.- Hemos consultado con otros compañeros y compañeras de la Casa de la Solidaridad, pero ninguna-o de ellos puede hacerse cargo, pues tienen ya otros compromisos.

3.- Así las cosas, sugerimos que se coordinen con las personas que piensan ir a Chiapas, saliendo en grupo desde sus propias localidades, y que reserven con tiempo sus boletos de viaje redondo hasta San Cristóbal.

4.-Llegando a Sancris hay que ir al mercado y en los paraderos tomar una
combi o taxi rumbo a Acteal . La combi debe decir Chenalhó o Pantelhó.
Se llega hasta la comunidad Las Limas (allí hay que cruzar a pie un puente
que se daño) y luego tomar la "otra combi" de las que están están al otro
lado del puente (como la canción).

6.- Para quienes vayan al Encuentro, las inscripciones se harán en Acteal mismo, desde la tarde del día 19, previa identificación y entrega de carta de la organización, parroquía o comunidad a la que representan (si no van representando a ninguna institución, por favor comuniquénse con Martín Hernández al teléfono del SICSAL que viene abajo, para tomar sus datos).

7.- Se recomienda llevar bolsa para dormir y ropa gruesa, porque hace
frío. Habrá dormitorios comunes para hombres y mujeres. De igual manera,
llevar chamarra o impermeable, botas de hule (o zapatos para caminar en
lodo), lámpara, papel de baño, jabón y champú bio-degradables... y sus
utencilios personales.

8.- Aunque la comunidad proveerá alimentos básicos y café, es
aconsejable llevar comida para compartir (granos, latas, galletas), utencilios de
plástico y bolsas para recolectar la basura. También se puede
comprar algo en las tiendas de la misma comunidad. Quienes lleven donativos,
deberán entregarlos a la Mesa directiva de Las Abejas para que ellas/os los
distribuyan de acuerdo a sus necesidades.

9.- Si necesitan más orientación al llegar a San Cristóbal, pueden
llamar al Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas. Tel´s :
(967) 678 73 95 y 96; o ir alli personalmente: Calle Brasil # 14, Barrio
de Mexicanos.

10.- En espera de encontrarnos por allá, quedamos a sus órdenes.

Carmen Mendoza
Martín R. Hernández
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SICSAL-México
Patricio Sanz 449
Col. Del Valle
México, D.F. C.P. 03100
MEXICO

Tel/Fax (55) 55 23 95 82
Del extranjero: + 52 (55) 55 23 95 82

Correo-E: sicsal@laneta.apc.org

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viernes 9 de noviembre de 2007

Todos somos Chiapas - José Saramango

José Saramango - Todos somos Chiapas

(Artículo escrito en primera persona por José Saramago, resultado de sus impresiones recogidas durante su viaje a Chiapas, con motivo de los disturbios que enfrentaron a la población indígena con el gobierno mexicano, y publicado en La Revista del diario español El Mundo).

He visto el horror. No el que hemos observado en lugares como Bosnia o Argelia. No. Éste es otro tipo de horror. Estuve en Acteal, en el mismo lugar de la matanza... escuchando a los supervivientes. Es difícil expresar lo que se siente cuando uno sabe que se encuentra con los pies sobre el mismo lugar donde hace tres meses asesinaron a estas personas.
Me imaginaba la escena... La gente tratando de escapar... los paramilitares disparando a discreción... las mujeres y los niños gritando, huyendo entre la maleza... el lamento de los heridos...

En Chiapas se vive una situación de guerra o una ocupación militar, que al final es casi lo mismo. No es una guerra en el sentido común, con un frente y dos partes confrontadas. Yo nada más he visto una parte confrontada: el Ejército y los paramilitares. La otra parte, las comunidades indígenas, no están enfrentándolos, no tienen medios. Están rodeados, no tienen comida ni agua... Viven en condiciones infrahumanas. Son casi campos de concentración. No los reunieron allí a la fuerza, es cierto, pero cuando huyeron a esos lugares (se refiere a los campos de refugiados) los rodearon los paramilitares y el Ejército. Entonces esos campamentos se convirtieron en una especie de campo de concentración.

Si alguna vez hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca como ésta. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas. El Gobierno esperaba que con el tiempo se ¡acabaran! todos, simplemente eso.

Pero ellos sobreviven, alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada, pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada... La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida... (Saramago conoció al pequeño de cuatro años Gerónimo Vázquez al que los paramilitares amputaron cuatro dedos en Acteal) Es algo que no se me borrará jamás de la memoria... Las miradas serias, severas, recogidas de las mujeres, de los hombres... son algo que está por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo. ¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír ese hombre de Polhó que nos acaba de decir "mañana puede que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos"? Es algo que no alcanzo a entender.

En Chiapas encontré un mundo que no comprendo. El mundo indio es un mundo donde el europeo no puede entrar fácilmente. Es como si me asomara a una ventana que da a otro mundo y, aunque lo tengo enfrente, no lo puedo entender.

También descubrí otra realidad, la de un territorio ocupado militarmente. Un territorio donde los paramilitares y el Ejército son la uña y la carne juntas. Por una razón muy sencilla: de no ser así, los paramilitares no podrían haber hecho lo que hicieron y lo que siguen haciendo. Yo vi camiones del Ejército transportando a civiles que seguro no viajaban allí por la amabilidad de los militares. Minutos después de que abandonáramos Acteal hubo un acto de intimidación e hicieron hasta 30 disparos al aire. Esto sólo puede ocurrir si el Ejército da su bendición. Nada más fácil para el Ejército que identificar a los paramilitares y desarmarlos.

Me parece esquizofrénico que el Congreso pueda estar debatiendo una ley (el Proyecto de Ley sobre Autonomía Indígena propuesto por el ejecutivo) supuestamente para resolver los problemas de las comunidades indígenas, como si fuera una ley normal, en situaciones normales para objetivos consensuados, cuando al mismo tiempo hay miles de desplazados que no pueden volver a sus tierras, con miedo a ser asesinados, mientras hay una ocupación militar clara en el territorio de Chiapas. Y mientras los paramilitares se pasean tranquilamente y hacen lo que quieren.

¿Cómo es que no se empieza por pacificar la situación para después discutir una ley donde participen todos los sectores y todas las comunidades?

Todo se ha hecho sometiendo a los indios de Chiapas a una presión incalificable y esto no puede llamarse humanidad.

El pueblo de México tiene que reclamar a su Gobierno una paz justa y digna. Yo no puedo, sólo soy un escritor extranjero acusado de injerencia. El pueblo mexicano no puede quedarse parado, dejando que los gobernantes lo decidan todo, hay que bajar a la calle... no estoy pidiendo un levantamiento sino simplemente que las conciencias se manifiesten... estoy pidiendo una insurrección moral, desarmada, étnica...

Acteal es un lugar de la memoria que no puede de ninguna manera desaparecer. Sabemos lo que ocurrió y no lo queremos olvidar. Chiapas es el cuerpo de México. La sociedad civil debería admirar no sólo a los indios sino a los que se levantaron para defender a esos mismos indígenas.

De Chiapas me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... Chiapas... La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida. Si tenemos conciencia pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento ¿de qué nos sirve la conciencia? Volveré a Chiapas, volveré".

Transcripción de Javier Espinosa
(Declaraciones concedidas a LA REVISTA por José Saramago (Portugal, 1922) en México DF tras su viaje a Chiapas el 14 y 15 de marzo. En su visita conversó con los supervivientes de la matanza de Acteal en el lugar de la masacre, recorrió después el campo de refugiados de Polhó y hasta se acercó al campamento militar de Majomut, sito en las inmediaciones del asentamiento indígena).

jueves 8 de noviembre de 2007

En la gestión de Zedillo no se hizo justicia, afirma el obispo Samuel Ruiz García

En la gestión de Zedillo no se hizo justicia, afirma el obispo Samuel Ruiz García
En el crimen de Acteal se busca negar la responsabilidad del Estado y el Ejército
El Centro Fray Bartolomé documentó y denunció la existencia de paramilitares, sostiene
La Jornada / Gabriel León Zaragoza

El obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, afirmó que durante el sexenio de Ernesto Zedillo “no se investigó” con seriedad la matanza de Acteal, en el estado de Chiapas. Desde entonces, agregó, se ha pretendido “negar la responsabilidad que tuvieron las fuerzas del Estado y el Ejército”, y omitir la autoría intelectual del ex mandatario en el crimen de lesa humanidad contra los tzotziles. Consideró que el resultado de la indagatoria de esa administración quedó “muy al margen de lo que en realidad sucedió”.

Acerca del debate que se ha dado sobre la revisión de los hechos que cobraron la vida de 45 indígenas chiapanecos, Samuel Ruiz afirmó en entrevista que “da la impresión” de que el Estado echó a andar una maquinaria para borrar la historia, porque “se ha visto que hay una complicidad en marcha, porque detrás de este articulista está alguna indicación oficial. No se ve otra intención”.

Consideró que la actual administración federal carece de determinación para alcanzar la verdad sobre las ejecuciones en Acteal, y “lo que estoy viendo es que hay una complicidad, porque se quieren borrar los hechos en lugar de que se haga una investigación a fondo”.

–A 10 años de los hechos, ¿cómo debe mirarse la masacre de Acteal?

–Un crimen lo es a 10 años o a 20, lo grave es que no se ha hecho justicia y que recientemente alguien trata de borrar los acontecimientos y las reflexiones sobre lo sucedido. La masacre no ha tenido una investigación a fondo. Y parece que con el artículo publicado pierde calidad el periodista que lo escribió, tratando de negar acontecimientos que están a la mano.

“He dicho que un crimen no deja de ser un crimen, que no se ha castigado adecuadamente y con ese artículo se ve claramente que hay intentos y complicidad de no continuar investigación alguna. Por el contrario, se pretende decir que los hechos no sucedieron.”

–¿Qué respuesta espera del gobierno federal en el décimo aniversario de la matanza de Acteal?

–Nada, porque se ve que no hay justicia. Sin embargo, espero que haya el reconocimiento de los hechos, la investigación adecuada y el castigo de los responsables.

–¿El Estado echó a andar una maquinaria para borrar los hechos?

–Da la impresión.

–¿Quién podría estar interesado en que no se conozca la realidad?

–Eso sería cuestión de preguntarle al periodista: ¿quién le dijo que escribiera?

–El ex presidente Ernesto Zedillo dijo en España que los hechos de Acteal se investigaron con seriedad.

–No se investigó. Las indagaciones no fueron suficientes o quedaron escondidas, porque los verdaderos responsables quedaron ocultos. Inclusive él no deja de aparecer como responsable, puesto que estuvo al tanto de las cosas. Se ve que hay una complicidad en el asunto y que se quiere negar la responsabilidad que tuvieron las fuerzas del Estado y el Ejército.

–¿Comparte la opinión del obispo Raúl Vera?, quien dijo que el autor intelectual de la masacre de Acteal fue el ex mandatario, al que acusó de cometer un crimen de lesa humanidad.

–No sólo la comparto, lo dije antes.

–¿Qué personajes estarían pendientes de ser investigados?

–Le toca al Estado decirlo, pero evidentemente son los que formaban parte de la estructura oficial.

–¿Hará un llamado al gobierno calderonista para que retome las investigaciones?

–No va a hacerlo. Lo que estoy viendo es que hay complicidad. Quieren borrar los hechos en lugar de hacer una investigación a fondo.

–¿Ratifica que fue un crimen de Estado?

–Lo he dicho, basta investigar y ver las comunicaciones que se hicieron.

–¿Qué espera de la denuncia interpuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

–Que haya alguna comunicación al Estado mexicano y que éste dé respuesta.

–¿Qué elementos tuvieron en su momento para señalar la existencia de grupos paramilitares?

–Lo de Acteal fue como la acción 22 y fue la más representativa. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé lo documentó, y en su momento denunció su existencia, entrenados por el Ejército.

lunes 5 de noviembre de 2007

REPORTAJE / A diez años de Acteal - Hermann Bellinghausen -

El origen: múltiples episodios de un plan contrainsurgente
Ninguno de los encarcelados ha sido sentenciado como paramilitar

La Jornada - Hermann Bellinghausen

Acteal marcó la historia y la imagen de México ante el mundo de manera indeleble. La masacre no fue un hecho aislado. Antes y después de aquel 22 de diciembre, en el Chiapas indígena se han sucedido ataques directos de paramilitares, tropas regulares o policías contra comunidades y familias bases de apoyo zapatistas, así como de otras organizaciones fuera del espectro gubernamental. Muertes, quema de casas, despojos de cultivos y tierras, desplazamientos, agresiones fratricidas.

Como hizo desde el 1º de enero de 1994 al ocurrir el levantamiento zapatista, La Jornada cubrió puntualmente los hechos violentos que se fueron sumando en diversas regiones y municipios: Sabanilla, Tila, El Bosque, Ocosingo, Chilón, Pantelhó, Chenalhó. Corresponsales, enviados, fotógrafos, incluso analistas desde el lugar de los hechos fueron con frecuencia testigos de decenas de episodios en apariencia aislados que trazaban la ruta de una estrategia de contrainsurgencia y potencial guerra civil.

Al mismo tiempo, decenas de reporteros y articulistas documentaban los ires y venires desde el centro político. Las declaraciones y acciones del gobierno federal, el Congreso, los empresarios, la Iglesia católica. Y también la sociedad civil, los organismos de derechos humanos, la academia. Por lo demás, La Jornada continuaba con el seguimiento del movimiento zapatista.

Alzamiento indígena

En las páginas de este diario se fue registrando un proceso social, político y cultural que con la masacre de Acteal enfrentaría un terrible baño de sangre. Y por donde más dolía: entre hermanos de pueblo. Lo que en 1994 había sido una declaración de guerra y un alzamiento indígena contra el gobierno del país se fue convirtiendo en una “guerra civil” permitida, propiciada, construida, forzada incluso por instancias gubernamentales. Antes de ella, las comunidades rebeldes y las oficialistas convivían en paz. La rebelión de unos no era contra los otros.

Hubo lugares donde la confrontación inducida “prendió”. Con programas sociales, educativos y productivos, con adoctrinamiento y control de la “población leal” al gobierno y al Ejército Mexicano. Primero en el territorio chol de la zona norte, donde la organización priísta Paz y Justicia intensificó desde 1995 una ofensiva contra la población zapatista y la “sociedad civil” de variable filiación perredista. Costaría decenas de muertes, incontables emboscadas, saqueos, violaciones, miles de desplazados. Primero Sabanilla, Tila y Tumbalá. Luego Chilón. A partir de 1997 se expandió a Chenalhó.

Aún duele decirlo, pero la matanza de Acteal pudo evitarse. Las señales eran abundantes y se hicieron públicas de múltiples maneras. Como escribió aquí Fernando Benítez el 27 de diciembre de 1997: “¿Qué más decir, si han sido inútiles los numerosos artículos que he escrito en defensa de los indios, así como los de mis colegas de La Jornada y de muchos otros periódicos? Parecen inútiles las palabras”.

Hay que recordar que en los días posteriores a la masacre se realizaron protestas y actos multitudinarios en más de 100 países, la mayor manifestación global hasta entonces, antes de las grandes movilizaciones internacionales contra la globalización y la guerra imperial. Se demandaba justicia al gobierno mexicano, y un alto a la guerra de baja intensidad, que oficialmente no existía. De hecho, nunca ha “existido”. Como jamás existieron oficialmente grupos paramilitares. Ni entonces ni ahora. No obstante, han pisado la cárcel con diversa fortuna miembros y dirigentes de Paz y Justicia, los Chinchulines, el “grupo de autodefensa” de Chenalhó, y más recientemente la Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (Opddic).

Todos tienen en común ser priístas o de partidos afines, y vinculados in situ con el Ejército, pero ninguno ha sido sentenciado como paramilitar. Sólo los procesados por los hechos de Acteal pagan cárcel por participar en acciones armadas contra otros indígenas. Y esto, porque llegaron demasiado lejos y fueron capturados casi con las manos en la masa. El escándalo mundial fue inmenso, alguien tenía que pagar. Como siempre que las cosas se le complicaban al gobierno, alguien serviría de fusible. Acteal “costó” mucho: un secretario de Gobernación, un comisionado para la paz del gobierno federal, un gobernador y sus colaboradores; fueron procesados un general retirado (director de la policía auxiliar y coordinador de asesores de Seguridad Pública del estado), algunos mandos policiacos y decenas de indígenas “autoarmados”. Allí se cortaba la correa de transmisión. Antes de irse, el titular de Gobernación, Emilio Chuayffet, alcanzó a remachar: “No se puede culpar al gobierno, ni siquiera por omisión”. El Ejecutivo y el PRI se deslindaron, condenaron enérgicamente la violencia, abrieron (y cerraron) investigaciones, y siguieron tan campantes.

Vayamos un poco más atrás. Desde 1995 el gobierno de Ernesto Zedillo fue extendiendo en la entonces llamada “zona de conflicto” el fenómeno de la paramilitarización de comunidades, simétrica a la masiva ocupación militar decretada el 8 de febrero de ese año, cuando el gobierno salió a la caza de la comandancia zapatista, lanzó una ofensiva de tropas en la selva Lacandona, la zona norte y los Altos, y prácticamente ocupó las comunidades.

Con ello, el Ejecutivo quebrantaba su palabra, una oferta de diálogo hecha al EZLN poco antes de la ofensiva, mediante el secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, y la subsecretaria Beatriz Paredes. Ese encuentro abortado quiso funcionar como carnada para capturar a la comandancia rebelde. Desde entonces, los zapatistas llaman a aquello “la traición de Zedillo”. No sería la única. Otra más cancelaría las negociaciones de paz (que no se han vuelto a concretar) al incumplir los acuerdos de San Andrés, firmados en febrero de 1996 por los representantes del gobierno federal y directamente aprobados por el secretario Chuayffet. Su antecesor Moctezuma había dejado el cargo un año atrás, a raíz de su “negociación” desfondada por el propio presidente.

Se fueron sucediendo episodios diversos, algunos de envergadura. Los gobernadores priístas de Chiapas caían uno tras otro, antes y después de las elecciones de 1994, oficialmente “ganadas” por el candidato del PRI, Eduardo Robledo Rincón, en un ambiente de fraude e imposición. El presunto perdedor, Amado Avendaño, tras sobrevivir a un atentado que lo dejó en silla de ruedas varios meses, se convirtió en “gobernador en rebeldía” con el apoyo del PRD, las organizaciones independientes, la sociedad civil y el EZLN. Robledo dejaría el cargo en pocas semanas, y lo sustituyó Julio César Ruiz Ferro, ex funcionario federal que desconocía por completo la entidad. Su mandato, que culminó abruptamente con la matanza de Acteal, fue pasivo y obediente a una política trazada desde arriba.

El verdadero “gobierno” de Chiapas lo ejercía el Ejército; la administración ruizferrista colaboraba o dejaba hacer. Como jefe militar en la zona de conflicto fungía desde 1995 el general Mario Renán Castillo Fernández, quien así llegó a ser un “jefe de ejércitos”, algo que hasta entonces sólo podía ser el secretario de Defensa Nacional, a la sazón el general Enrique Cervantes Aguirre. Remplazado por el general José Gómez Salazar, Renán Castillo dejaría el cargo el 16 de noviembre de 1997, a sólo cinco semanas de Acteal. Durante su periodo se larvó y auspició una estrategia deliberada, basada en los manuales de contrainsurgencia del Pentágono y el propio Ejército, para “quitar el agua” al “pez revolucionario”, adaptando procedimientos probados en Vietnam y Guatemala.

Mes y medio antes de la tragedia, los investigadores Andrés Aubry y Angélica Inda recapitulaban: “La colaboración de los políticos con la ‘guerra irregular’, mexicanización semántica del conflicto de baja intensidad, hace resurgir ante nuestros ojos un nuevo actor, el paramilitar”.

Aubry e Inda señalaban (La Jornada del Campo, 29 de octubre de 1997): “A partir de 1995 se probó en la zona norte (chol) de Chiapas, que ha sido el laboratorio donde se ensayó con la desorganizada organización campesina llamada Paz y Justicia, que no sirve para una cosa ni la otra. Luego, afinado el modelo, se extendió a la zona tzeltal con Los Chinchulines. Escurrió después a la zona tzotzil, Chenalhó y su paraje Los Chorros, su escenario actual sin haber cobrado (¿o revelado?) su nombre”. No tendría tiempo de revelarlo.

Camino del abismo

¿Cuándo empieza el “camino” que desembocó en el abismo de Acteal? Pudo ser aquel 8 de febrero de 1995. O el 19 de agosto de 1996, con el asesinato de seis jóvenes de Chenalhó en las simas de Chixiltón, “hecho aislado” que la prensa local atribuyó a “brujería”, y que marcaría el debut de la violencia antizapatista en el municipio tzotzil. O bien el 22 de mayo de 1997, cuando miembros del PRI quemaron nueve casas de familias zapatistas en Las Limas Chitamucum, Pantelhó, muy cerca de Chenalhó. Según informaba La Jornada (23 de mayo), “85 indígenas tuvieron que huir”. ¿O fijamos el principio al día siguiente, 24 de mayo, cuando el profesor Cristóbal Pérez Medio, representante del municipio autónomo, fue asesinado por priístas armados en Unión Yaxjemel mientras se dirigía a negociar con ellos la liberación de los primeros zapatistas rehenes? El clásico “maten al mensajero”. El gobierno nunca investigó. El cráneo y el cuerpo del maestro aparecerían por separado cuatro meses después, cuando la suerte de Chenalhó estaba echada.

En Chenalhó, los primeros hechos que derivaron en el baño de sangre
La negativa al diálogo garantizó la vía paramilitar


En mayo de 1997 emergen en Chenalhó los primeros acontecimientos, larvados desde meses atrás, que concluirían siete meses después en la hondonada de Acteal con la ejecución de 45 personas pacíficas e inermes, mujeres y niños la mayoría.

El hecho más grave ese mes fue el asesinato de Cristóbal Pérez Medio, el día 24 en Unión Yaxjemel, cuando un grupo de priístas emboscó a una comisión del municipio autónomo de Polhó que se dirigía a negociar la liberación de tres campesinos zapatistas capturados y encarcelados en Yaxjemel. Mientras los responsables de la balacera minimizaron los hechos e insistieron débilmente en que los zapatistas pretendieron agredirlos, el concejo autónomo manifestó que el día 18 fueron “detenidos” tres bases zapatistas por negarse a “pagar” 75 pesos para una presunta brecha que ellos no aprobaban: “Los amenazaron que si no cooperaban los iban a ‘despachar’, y ellos dijeron que no, aunque los mataran no iban a cooperar porque la brecha sólo beneficiaba a los transportistas” (La Jornada, 25 de mayo).

Liberados y vueltos a apresar

Los tres indígenas pasaron dos días presos, fueron liberados por gestión del concejo de Polhó, y 48 horas después, tras reunirse priístas de siete comunidades en Yaxjemel, donde eran minoría, los volvieron a aprehender. “A dos los metieron en un horno y otro estaba amarrado a un poste”. Los autónomos demandaron su liberación al presidente municipal oficial sustituto de Chenalhó, Jacinto Arias Cruz, del PRI.

El 24 salió de la cabecera municipal autónoma una comisión de 16 personas para tal encuentro; la encabezaba el profesor Pérez Medio. Cuando llegaron a Yaxjemel, “la comunidad estaba rodeada por unos 500 del PRI y los recibieron a balazos”. Pérez Medio fue capturado al momento y ejecutado allí mismo, pero su cuerpo desapareció y a partir de entonces los priístas negarían sistemáticamente el hecho. Dos autónomos más resultaron heridos, Fidencio Guzmán Arias y José Pérez Arias.

Ocupada la comunidad por los priístas armados, unas 350 personas tuvieron que abandonar sus viviendas. El concejo de Polhó declaró al día siguiente: “La persecución se ha extendido, también compañeros de Yabteclum, Puebla y Naranjatic Alto salieron de sus parajes porque no quieren enfrentarse entre hermanos”. Desde entonces arreciaría el fenómeno de los desplazados en Chenalhó. Al principio fueron de todos los grupos involucrados, pronto serían sólo zapatistas y miembros de Las Abejas. Llegarían a ser más de 10 mil; miles siguen fuera de sus poblados 10 años después.

La autoridad municipal autónoma acusó al edil Arias Cruz de “provocar a los zapatistas porque dice que los va a acabar. Él fue quien les dio las armas a los del PRI, e incluso los compañeros dicen que los que los emboscaron eran policías de Seguridad Pública (SP) vestidos de civil”.

Dos días después, el corresponsal de La Jornada fue a Yaxjemel y encontró “una comunidad fantasma” en manos de la minoría priísta, cuyos miembros aseguraron ser ellos los agredidos (La Jornada, 28 de mayo), lo que nunca se pudo demostrar. Un simpatizante del gobierno en la vecina comunidad de Yibeljoj mencionó: “Mis compañeros del PRI me dijeron que hay tres o cuatro muertos de los ‘contrarios’ (zapatistas), tirados allí en el monte, pero nadie los ha visto. Mis compañeros vieron que los ‘contrarios’ iban por la montaña el sábado al mediodía, y como al acercarse tuvieron miedo que los atacaran, pues les dispararon y allí se armó la balacera” (que vino de un solo lado: nunca se probó lo contrario).

Dos kilómetros más adelante, en la colonia Puebla, los reporteros encontraron unos 2 mil priístas de Yaxjemel y Poconichim, refugiados “en espera de que el gobierno estatal envíe a la SP para que los defienda”. La noche del 26 la SP había entrado a Puebla y rescatado al zapatista Antonio Pérez Pérez, detenido por negarse a cooperar con los priístas para el mismo camino que atizó el problema de Yaxjemel (proyecto personal del alcalde priísta, originario de Puebla y cacique del transporte). Los refugiados priístas negaron haber visto “contrarios” muertos, mientras ellos no tuvieron ni siquiera heridos. El gobierno del estado negó los hechos.

El consejo autónomo sostuvo que el ataque había sido ocasionado por los priístas para justificar la entrada de la policía y el Ejército Mexicano, “con el fin de ir ganando terreno y cercar más a los zapatistas para que se rindan”. Ya se habían producido agresiones contra rebeldes y simpatizantes en Yabteclum, Puebla, Chimix y especialmente en Las Limas Chitamucum, en el vecino municipio de Pantelhó, pero por los mismos grupos del PRI y el llamado Partido del Frente Cardenista; éstos, después de repetidas amenazas, el 22 de mayo dispararon contra la población, quemaron nueve casas, expulsaron a 85 personas y capturaron a Alberto Gutiérrez Núñez y Mateo Hernández Sánchez, quienes participaban en el municipio autónomo (La Jornada, 23 de mayo).

El concejo autónomo de Polhó denunció el día 27 que los priístas de Yaxjemel amenazaban a los 534 zapatistas desplazados “con no dejarlos regresar” al poblado. El día 28 el concejo expresó su disposición a negociar con los priístas, pero también exigió “que apararezca Cristóbal Pérez Medio”. Ese día estaba anunciada una visita del agente del Ministerio Público (MP) a Yaxjemel “para verificar si realmente hubo un muerto” (La Jornada, 29 de mayo), pero no llegó. En cambio, 70 policías se apostaron en Puebla para “proteger a los refugiados priístas” que los habían mandado llamar.

Esto aumentó los temores de los autónomos, quienes previeron nuevos ataques “ahora que la policía ya los está protegiendo” (a los priístas), mientras éstos señalaban: “La situación está más tranquila porque nos sentimos más seguros”. Por entonces arreció la persecución contra zapatistas en Yabteclum, Chimix, Poconichim, Naranjatic Alto. Desde la colonia Los Chorros (bastión oficialista, cardenista y priísta) y el ejido Puebla comenzaron a difundirse las amenazas contra los autónomos.

Mesas de diálogo

La Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), compuesta por diputados y senadores federales, convocó a una “reunión urgente” por la “preocupante” intensificación de la violencia en Chiapas y el hecho de que no se instalaron unas mesas de diálogo anunciadas por el gobierno federal mediante el comisionado de paz, Pedro Joaquín Coldwell. El diputado perredista César Chávez, miembro de la Cocopa, expuso la alarma de los legisladores por la creciente violencia en Chenalhó, sumada a la afincada de tiempo atrás en Sabanilla, Tila y El Bosque. Chávez señaló la “respuesta negativa” del gobernador Julio César Ruiz Ferro, al impedir la instalación de las mesas anunciadas el 14 de mayo con bombo y platillo por Coldwell, comisionado del presidente Ernesto Zedillo (La Jornada, 28 de mayo).

La secretaría de Gobierno chiapaneca, mediante su delegado, Rogelio Contreras, informó el 28 de mayo que el día 31 se reunirían las partes en Yabteclum. Los priístas condicionaron que el encuentro fuera en Yaxjemel, en poder los priístas armados, mientras el concejo de Polhó aceptaba la propuesta de Yabteclum, el poblado “viejo”, entonces neutral, donde residía la autoridad tradicional de los ancianos de Chenalhó. Los priístas se negaron.

El día 28, el agente de MP Manuel Valdez había visitado Yaxjemel finalmente, para buscar el cuerpo de Pérez Medio. También fue a Naranjatic y entrevistó a los familiares del desaparecido, quienes le confirmaron que no lo habían vuelto a ver desde que acudió a la fallida negociación. Los zapatistas siempre sostuvieron que estaba muerto y los priístas lo negaron sistemáticamente. Los restos no aparecerían hasta septiembre en Poconichim.

Elementos reveladores

El día 30, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (CDHFBC) reveló elementos para explicar tanto la escalada de los priístas como su reticencia a dialogar con los autónomos (La Jornada, 31 de mayo). Por lo demás, tal actitud la sostendrían los oficialistas hasta la última tentativa de diálogo, el 19 de diciembre de ese año, cuando la masacre de Acteal se puso en marcha para consumarse tres días después.

Mariano Arias, vocero de los priístas, desmintió las acusaciones: “Los ‘contrarios’ andan diciendo que en los alimentos que nos manda el presidente municipal (para los desplazados en Puebla) vienen las armas, pero ésos son argumentos falsos” (La Jornada, 1º de junio).

De acuerdo con nuevas evidencias (La Jornada, 31 de mayo), el CDHFBC ubicaba el origen de los hechos de Yaxjemel en un incidente ocurrido el 12 de mayo, cuando trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad llegaron al barrio de Petum Pale para cortar la energía a las familias autónomas en resistencia. Éstas se opusieron, y “decomisaron” material de la paraestatal. Luego los priístas golpearon al dueño de la casa donde se encontraba el material, que fueron a entregar al alcalde Arias Cruz. Éste, “en agradecimiento, les dio varios cartones de cerveza”.

Durante la “celebración”, afirmó el CDHFBC, el alcalde dijo a sus correligionarios “que tenían que organizarse para otras acciones, y les pidió que juntaran todas las armas disponibles”. El día 18 detuvieron a tres zapatistas en Yaxjemel; el 21 sitiaron a cuatro familias zapatistas de Puebla durante dos días; el 23 detuvieron allí a 29 familias más “que se negaban a aliarse con los priístas”, y el 24 asesinaron y desaparecieron a Cristóbal Pérez Medio.

Mayo concluyó sin ninguna negociación. En adelante, diferir, abortar e impedir las negociaciones entre oficialistas y autónomos sería la marca de fábrica de los gobiernos estatal y municipal priístas. La vía paramilitar quedó garantizada.

Chenalhó, laboratorio de una estrategia amplia de contrainsurgencia
En dos años se dispuso en zona chol una “guerra” dentro de la guerra


Momento de comulgar durante la misa del jueves pasado por los muertos de Acteal Foto: Moysés Zúñiga Santiago Para la relación de los hechos que sacudieron a Chenalhó la segunda mitad de 1997 es necesario recordar su contexto. Chenalhó se había convertido en un laboratorio más de una estrategia amplia de contrainsurgencia, en un territorio en guerra que abarca la tercera parte de Chiapas e involucra a casi todos los indígenas de la entidad. La militarización era (y sigue siendo) abrumadora.

Iniciada en 1995, durante los dos años siguientes se organizó y activó en la zona chol de Chiapas una “guerra” dentro de la guerra, con la expansión paramilitar de la organización priísta Paz y Justicia. En 1997, mientras Chenalhó entraba en su propia espiral contrainsurgente, los asesinatos, desplazamientos y despojos proseguían en la zona norte. Ambos casos, en territorios cercados por el Ejército Mexicano y un importante despliegue policiaco.

Éxodo y saqueos

El 14 de marzo de 1997, la comunidad San Pedro Nixtalucum, municipio de El Bosque, colindante con Chenalhó, fue atacada por la policía y el Ejército, quienes mataron a cuatro indígenas zapatistas y causaron el éxodo de más de 80 familias. La policía había disparado en El Vergel, por tierra y desde un helicóptero (matrícula XC-BGC), sobre la población civil. Después saquearon Nixtalucum. Durante dos meses, los tzotziles zapatistas permanecieron desplazados, mientras las policías federal y estatal y el Ejército, posicionados dentro y en torno a esa comunidad, “convivían” con los priístas del lugar, quienes dejaron de trabajar el campo, se adueñaron del poblado, sembraron mariguana (según se comprobó después) y recibieron adoctrinamiento y adiestramiento militar.

Igual sucedía en Sabanilla y Tila, y sucedería pronto, de manera brutal, en Chenalhó. Algún día habrá que explicar por qué en unas partes funcionó la formación de grupos paramilitares y en otros, como El Bosque, no. Por ello, cuando el gobierno decidió atacar el municipio autónomo San Juan de la Libertad en 1998, serían directamente tropas federales y policías.

El 17 de mayo de 1997, una marcha de 4 mil civiles zapatistas acompañó el retorno de los desplazados a Nixtalucum, y pareció cerrarse ese capítulo (La Jornada, 18 de mayo). Al otro día arrancó la agresión contra zapatistas en Yaxjemel. En las semanas siguientes se revelará otro grupo paramilitar en Ocosingo y Oxchuc, el Movimiento Revolucionario Indígena Antizapatista (MIRA), cuya existencia jamás fue admitida por las autoridades y en buena medida fue un fracaso.

En algún momento imposible de fechar, durante la primavera de 1997, las comunidades identificadas como “priístas” o “cardenistas” (en referencia al Partido del Frente Cardenista que por entonces existía, sin relación con el cardenismo histórico y menos aún con el de Cuahutémoc Cárdenas, quien ese mismo año ganaría las elecciones para gobernar la capital del país), comenzaron a llamar “el contrario” y “los contrarios” a las familias y comunidades que se habían unido al municipio autónomo de Polhó, como bases de apoyo del EZLN o miembros de organizaciones civiles más o menos perredistas, cuando su partido era de oposición en un estado controlado hasta 1994 por numerosos cacicazgos, indígenas o mestizos según la región, pero siempre priístas.

El “contrario” en muchos pueblos del país es el “demonio”. El giro idiomático, inusual en Chenalhó, al parecer fue inducido por quienes aplicaron la estrategia contrainsurgente, y representa una de las primeras adaptaciones locales de los preceptos de la guerra de baja intensidad: ahondar las diferencias, demonizar al otro, deshumanizarlo. Así es más fácil dañarlo.

Las informaciones de la época, incluso en los medios oficialistas, nunca fundamentaron convincentemente que los conflictos en Chenalhó, que se fueron sumando y complicando, se originaban en agresiones de “los contrarios” (zapatistas) contra los oficialistas. Las “emboscadas” de los primeros apenas se pudieron probar; los verdaderos enfrentamientos, que no fueron la regla, se debieron a ataques de paramilitares y respuesta defensiva de los zapatistas; los desplazamientos de familias del PRI y cardenistas obedecían al temor a ser agredidos, mientras los zapatistas, perredistas y Abejas eran perseguidos y tiroteados, sus casas quemadas y sus propiedades robadas o destruidas.

El argumento de que los zapatistas “despojaban” a los oficialistas de sus tierras no se sostiene ante la evidencia, entonces y hasta la fecha, de que ellos fueron los verdaderos despojados en las comunidades de donde salieron. Los desplazados priístas y cardenistas retornarían en poco tiempo, escoltados y protegidos por la policía, y ya no debieron desplazarse. La versión de que éstos se organizaron para “autodefenderse”, propalada entre otros por la Procuraduría General de la República (PGR) en su libro blanco (1998), fue una construcción posterior, que buscaba “explicar” la matanza de Acteal y los múltiples episodios previos, aportando versiones que durante 1997 nadie se molestó en demostrar. La táctica de los grupos armados, y de los gobiernos municipal, estatal y federal, había sido “negar todo”, sin insistir en demostrar las versiones de su lado. Les bastaba con desdeñar, acusar y difamar a “los contrarios”, a los defensores de derechos humanos y los periodistas independientes. Su “verdad” comenzó a preocuparles después del terrible desenlace, que los confrontó con la responsabilidad penal.

Violencia administrada

El verano de 1997 se anuncia con declaraciones del gobernador Ruiz Ferro minimizando el tema chol como “conflicto entre dos grupos de siete ejidos” (La Jornada, 2 de junio), mientras el obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García, acusaba: “Todo apunta a concluir que la violencia en la zona norte es ‘administrada’ por las fuerzas de seguridad pública”. Las autoridades consideraban “religioso” el conflicto, y culpaban a la diócesis católica. Ruiz García insitía en el carácter “político” de aquella violencia. Para Chenalhó también se intentarían explicaciones “religiosas”, sobre todo después de Acteal; hoy sólo los abogados de los paramilitares presos actúan con ese enfoque.

El 2 de junio se suspendió por segunda ocasión el diálogo entre los municipios autónomos de Polhó y el oficial de Chenalhó, pues los representantes del segundo no se presentaron en Yabteclum, donde era la cita. Inesperadamente, el día 3 se encontraron al fin las partes en esa comunidad. Avanzaban en un “acercamiento” y convenían respeto mutuo y libertad de tránsito, cuando irrumpió en un helicóptero el subsecretario de Gobierno Uriel Jarquín; su presencia no había sido acordada y abortó la reunión (La Jornada, 4 de junio).

El día 5, las autoridades autónomas del vecino municipio de San Andrés denunciaron: “Ha aumentado la presión militar en los Altos. Hacen diario patrullajes desde hace 10 días” (La Jornada, 6 de julio), así como vuelos rasantes. Relataron: “Entran en los pueblos, se entrenan dentro de los pueblos”, y aseguraron que las tropas adiestraban a los priístas. “Recibimos información de que ya hay guardias blancas en los Altos. Ya tienen radios para comunicarse entre ellos.”

Poco después ocurrió un incidente a 400 metros de Acteal, que aún no tenía campamentos de desplazados. El día 9, la Subprocuraduría de Justicia del estado informó de una “emboscada” a un camión de Seguridad Pública, “atacado por zapatistas”. Según pobladores de Pechiquil, hubo una detonación y entre 70 y 100 balazos. El municipio autónomo de Polhó dijo que los policías dispararon bombas y tiros “sin haber ningún problema” (La Jornada, 10 de junio). Diez indígenas fueron golpeados a culatazos, dos fueron detenidos por la policía y luego arrojados del camión al camino. Ese día, unos 200 desplazados de Yaxjemel, miembros de Las Abejas y refugiados en Yibeljoj, se disponían a retornar a sus casas. La “emboscada” los disuadió.

Provocación para la militarización

Al día siguiente, los pobladores de Acteal negaron la “emboscada” y afirmaron que la acción “fue premeditada para provocar más conflictos y justificar la militarización de nuestros parajes” (La Jornada, 11 de junio). Los pobladores y desplazados en Polhó, a pocos kilómetros, “ya querían huirse por el miedo”, dijo Javier Ruiz Hernández, secretario del concejo autónomo. En un boletín, la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de Chiapas reiteró que los policías fueron “agredidos por desconocidos”, con saldo de dos agentes lesionados. “Los desconocidos arrojaron botellas con gasolina y mecha”, decía el boletín, contradiciendo a la subprocuraduría de Justicia que la víspera aseveró que los presuntos atacantes habían disparado. Según la gente de Acteal, la versión oficial era “falsa”, pues “los mismos policías tronaron bombas y tiraron balazos para amedrentarnos”.

Un día después, el ayuntamiento oficial de Chenalhó se reunió en Pantelhó con el gobernador Ruiz Ferro y el secretario de Desarrollo Social, Carlos Rojas Gutiérrez (La Jornada, 12 de junio). El juez Antonio Pérez Arias, vocero del municipio oficial, insistió en que el gobierno enviara más policías a las comunidades, y pidió la intervención de las comisiones Nacional de Intermediación (Conai) y de Concordia y Pacificación (Cocopa). En tanto, el municipio autónomo denunció que en Yabteclum, unos 50 priístas armados agredieron la casa de Rosa Gutiérrez “y se llevaron a uno de sus hijos a la cabecera municipal”.

En las semanas siguientes, la primera petición del ayuntamiento oficial sería satisfecha: en las comunidades y caminos de Chenalhó, cientos de policías instalaron campamentos que devendrían permanentes, escudarían el retorno de los priístas y frentecardenistas desplazados y el inmediato despojo de las casas y cafetales de los ausentes zapatistas, perredistas y Abejas. Así aparece un nuevo actor visible en las comunidades de Chenalhó en poder de priístas: la policía.


La marcha de los 1,111 frenó algo la violencia; faltaba agosto
En 97, la contrainsurgencia abortó la paz en Chenalhó
Hermann Bellinghausen / IV

Las actividades de contrainsurgencia en Chenalhó se incrementaron a mediados de 1997. Fue el preludio de la matanza de 45 tzotziles en Acteal, en diciembre del mismo año Foto: Carlos Cisneros A mediados de junio de 1997 Chenalhó ya es un escenario de activa contrainsurgencia. La asignación de recursos oficiales, que fluyen en abundancia, está detonando conflictos comunitarios. Como en otras comunidades, en Saclum y Matzeclum se amenaza con expulsar a las familias de los dos municipios autónomos que abarcan Chenalhó: Polhó y Magdalenas La Paz.

En la cabecera de San Pedro Chenalhó, un priísta de nombre Mariano (pidió omitir su apellido), poblador de Saclum, declaró: “Nos dijeron que iban a repartir el dinero, con la condición de que lo solicitaran todos de la comunidad. Les dijimos que los zapatistas no iban a aceptar, y nos repitieron que ‘todos’. Entonces preguntamos que qué hacíamos si no aceptaban, y nos dijeron ‘pues córranlos, o los obligan’” (La Jornada, 14 de junio*).

“Tenemos diferencias, sí, pero llevamos tres años viviendo desde que comenzó el problema de los zapatistas y sólo ahora, con la obligación para un programa del gobierno, nos obligan a pelear”, agregaba el hombre de Saclum, comunidad ubicada al oeste del municipio, en el extremo opuesto de la zona donde finalmente “prendió” la paramilitarización y en cuyo corazón geográfico se encuentra Acteal. El edil Jacinto Arias Cruz había solicitado, en nombre de “todo el municipio”, la presencia de la policía. Mariano advirtió a La Jornada que al menos en Saclum no era así. “No queremos más problemas entre hermanos”.

Aquí no pasa nada

Ese día estuvo en Chenalhó el senador priísta Sami David en un acto proselitista (pues se avecinaban elecciones de diputados federales), en un ambiente de “aquí no pasa nada”. Poco antes, el secretario de Desarrollo Social, Carlos Rojas, de gira por Chiapas, había asegurado que la inversión social no se orientaba a la contrainsurgencia. También visitó la entidad, por segunda vez en 15 días, el secretario de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre (13 y 14 de junio).

En ese momento ya se calculaba en mil 200 el número mínimo de desplazados zapatistas y simpatizantes (sólo de Yaxjemel y Yabteclum eran 534 y 527, respectivamente). En Polhó, el consejo autónomo recordaba que antes, en Chenalhó, cuando había conflictos, “en vez de encender el fuego” lo aplacaban negociando (16 de junio). Las cosas cambiaron desde un año atrás, cuando renunció el alcalde oficial Manuel Arias Pérez y lo sustituyó su secretario Jacinto Arias Cruz. Ahora, éste “es el que desbarata, insiste en que haya enfrentamiento”.

La caída del edil electo se debió al primer crimen contra zapatistas, cuando la noche del 19 al 20 de agosto de 1996 una turba de priístas ebrios “capturó” a seis jóvenes zapatistas en una posada de la cabecera municipal, los linchó y arrojó sus cuerpos en la sima de Chixiltón. Hubo tres detenidos por los asesinatos, que salieron libres tiempo después. También por entonces renunció, “por motivos personales”, el secretario estatal de Atención a los Pueblos Indios, el conocido escritor pedrano Jacinto Arias Pérez (homónimo del nuevo alcalde priísta y primo del anterior). Estaba inconforme con lo que pasaba y prefirió hacer mutis (Suplemento Masiosare, 28 de diciembre). Algo estaba pasando en San Pedro Chenalhó. El grupo oficialista dominante era desplazado por gente nueva, más agresiva y desarraigada (como documentarían más adelante Andrés Aubry y Angélica Inda en La Jornada).

En Yabteclum se saqueaban las casas de los desplazados zapatistas. El consejo de Polhó refirió el caso de Felipe Gómez Gómez, priísta, quien en vez de participar en un ataque contra simpatizantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) “se quedó dormido” en su casa. “Les dio coraje a los del PRI que no obedeciera. Lo fueron allanar la casa del muchacho y lo llevaron preso a Chenalhó. Y (eso que) es uno de ellos” (17 de junio). Las explicaciones oficiales del conflicto por “fundamentalismo religioso” disfrazaban la realidad; se trataba de un nuevo fundamentalismo ejercido con el presupuesto.

Presiones contra Las Abejas

En tanto, Las Abejas denunciaron que los priístas los “presionaban” para votar por el partido oficial. En diversas reuniones pretendían obligarlos “a sacar sus credenciales” y volver al PRI. Yabteclum, el “pueblo viejo” del municipio, punto de encuentro entre autónomos y priístas, fue devorado por la marea contrainsurgente tras ser expulsado medio millar de zapatistas (18 de junio).

La militarización crecía en Ocosingo y Altamirano, con la llegada de 3 mil soldados más (19 de junio) y la “guerra” del grupo paramilitar Paz y Justicia escalaba nuevamente en Tila y Sabanilla; en Emiliano Zapata y Shushupá, entre los días 22 y 24 fueron asesinados ocho simpatizantes zapatistas, y heridos muchos más, luego de que Juan López Jiménez, dirigente de Paz y Justicia, fue asesinado en Pasijá el día 15 (24, 26 y 27 de junio). Los simpatizantes del EZLN se encontraban sitiados por Paz y Justicia en 14 comunidades de Tila y Sabanilla y era inminente una nueva oleada de desplazados.

El día 26 el gobierno oficial de Chenalhó detuvo en Yabteclum a los simpatizantes zapatistas Fidencio Ruiz y Ernesto Gómez, responsabilizándolos de la desaparición de Manuel Takiumut, un mes atrás. La aprehensión fue mientras se efectuaba allí mismo una reunión más de acercamiento entre autónomos y priístas. “Estaban a punto de llegar a un acuerdo para que más de mil desplazados pudieran retornar” cuando se dio la captura (27 de junio) y se interrumpió el diálogo. Una vez más.

Protesta por falta de créditos

Un día después, la sociedad cooperativa de productores de Bajxulum envió una carta al gobierno federal anunciando que en 21 comunidades de Chenalhó sus socios no votarían el 6 de julio, “y menos por el PRI”, pues los productores no habían recibido los créditos ofrecidos y presumían que “alguien cobró” por ellos millón y medio de pesos. Argumentaron “falsas promesas, engaños y mentiras” (28 de junio). Versiones posteriores indicarían que ese dinero se destinó a la compra de armas.

El EZLN anunció, a su vez, que las comunidades rebeldes no votarían en protesta por la militarización, “el ambiente de guerra promovido por el gobierno y el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés”. El subcomandante Marcos escribió en un comunicado: “¿Con qué cara exigirles (a las comunidades) que voten si ni siquiera viven en condiciones normales? ¿Se les puede pedir que aparenten una normalidad ciudadana un día y regresen al terror cotidiano el resto del año?” (3 de julio).

En tanto, representantes de comunidades zapatistas de Chenalhó y San Andrés (dentro del municipio autónomo Magalenas La Paz) exigieron cancelar la formación de grupos paramilitares y el retiro del Ejército federal. Indígenas de las comunidades Atzamilhó, Saclum, Xux’chen, San Pedro Cotzinam y Aldama aseguraron que priístas armados “están planeando y uniendo sus fuerzas para provocar enfrentamientos” (2 de julio).

Rebeldía y abstencionismo

La víspera de las elecciones marcharon en San Andrés 2 mil zapatistas anunciando que impedirían los comicios. Realizaron un acto contra el gobernador Julio César Ruiz Ferro “por mantener una amplia campaña de desprestigio contra el EZLN” y “distorsionar” la información para enfrentar a los pueblos (6 de julio). Los desplazados de Tila, Sabanilla y Tumbalá tampoco estaban en condiciones de sufragar.

El domingo 6 de julio, las elecciones federales en Chiapas registraron el mayor abstencionismo del país; no votó 65 por ciento y unas 600 casillas no fueron instaladas. Hubo quema o retiro de urnas en Chenalhó, San Andrés, Tenejapa, El Bosque, Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas, Amatenango del Valle y Pantelhó, y en muchos otros municipios indígenas faltaron casillas y, sobre todo, votantes. En la zona norte, Paz y Justicia “controló” las elecciones para que sólo participaran los priístas. En Yabteclum (Chenalhó) fueron expulsados los observadores de Alianza Cívica, y “sólo votaron los del PRI” (7 de julio).

Agresión inminente


Poco después, el presidente municipal autónomo de San Andrés, Juan López González, alertó sobre una posible agresión de policías y grupos paramilitares cuyo centro de operaciones era Santiago el Pinar (10 de julio). En los caminos de los Altos se veían pintas como: “Somos Máscara Roja, si nos quieres conocer nos vemos en el infierno” y “Ya no estamos engañados, estamos para salir”.

Al otro día, la policía de Seguridad Pública detuvo en Santiago el Pinar, donde había un campamento del Ejército federal, a siete priístas armados (cuatro de ellos menores de edad) con pistolas 3.80 y 38 especial, así como cartuchos para AK-47 (cuerno de chivo) y otros calibres. Los detenidos participaban en un bloqueo carretero con otras 40 personas (11 de julio). Esto confirmaba las reiteradas acusaciones de la existencia de grupos civiles armados en San Andrés y Chenalhó, pero no tuvo ningún efecto.

Ante la situación en Chiapas, el EZLN inició una estrategia hacia fuera, para llamar la atención del país y del mundo de lo que sucedía en las comunidades. Las protestas a escala local eran ignoradas. El 21 de julio se levantó un plantón frente al palacio de gobierno en Tuxtla Gutiérrez, donde unos 300 representantes de los desplazados de la zona norte habían permanecido ¡87 días! demandando inútilmente al gobernador Ruiz Ferro el cese de la violencia para que los desplazados pudieran retornar a sus comunidades.

El EZLN anunció que del 25 de julio al 3 de agosto dos delegados suyos asistirían al segundo Encuentro Intercontinental (Intergaláctico) en cinco localidades del Estado español. En agosto, los rebeldes anunciaron una marcha de mil 111 bases zapatistas a la ciudad de México para septiembre, mientras otros dos delegados indígenas viajarían a Venecia y Roma. Estas iniciativas civiles frenarían pasajeramente la violencia paramilitar, la cual recrudecería brutalmente en la segunda mitad de septiembre. Pero aún faltaban los relámpagos de agosto.

* Todas las fechas entre paréntesis corresponden a la publicación de las citas en La Jornada

“Retiro” de campamentos y agresiones contra zapatistas
Hermann Bellinghausen / V


La “estrategia” oficial que desembocó en desastre
El 22 de septiembre ocurrió un hecho que serviría a la PGR y a autores oficiosos como explicación de la matanza que ocurriría tres meses después en Acteal: “un conflicto intercomunitario” por la “disputa de un banco de arena” en Majomut, barrio de Polhó


En agosto de 1997, de manera inesperada, el Ejército federal hizo cambios significativos en los territorios indígenas de Chiapas. Pareció un retiro. Los medios informaron de una “reducción de tropas y desmantelamiento de campamentos en tres regiones”, y el relevo de “unos 5 mil militares de Ocosingo, Las Margaritas y Altamirano” (La Jornada, 18 de agosto)*. “Previo al tercer Informe de gobierno del presidente Ernesto Zedillo y en una acción sin precedente desde 1994, el Ejército destruye sus propios asentamientos y retira tropas de siete campamentos en los Altos, la zona norte y la selva”, prosigue la información. El gobierno federal abrió también los frentes económico y diplomático para divulgar que en Chiapas había paz, atención a los pueblos y respeto a los derechos humanos.

El presidente municipal autónomo de San Andrés, Juan López González, se mostró sorprendido y optimista: “¿Nos quiere decir el gobierno que quiere regresar a los diálogos de paz?” Antes de 24 horas, el general Mario Renán Castillo Fernández, comandante de la séptima Región Militar, ofreció la respuesta al informar que el Ejército “puso en marcha un reajuste en su dispositivo militar, pero de ninguna manera significa el retiro de tropas” (19 de agosto).

En San Andrés, las posiciones en San Cayetano, Jolnachoj y Santiago El Pinar, retiradas la víspera, sí “fueron removidas”, según el general, pues “salían sobrando”. Ello, no obstante que las dos primeras rodeaban Oventic y la tercera estaba cerca de Chenalhó, donde la violencia paramilitar y el problema de los desplazados se agudizaban.

Desde la séptima Región Militar, en Tuxtla Gutiérrez, el general Castillo Fernández comandaba decenas de miles de soldados que ocupaban los Altos, la selva y la zona norte. Además, tenía bajo su mando 12 grupos de la Fuerza de Tarea Arcoris, creados a raíz del levantamiento zapatista, “un equipo único en todo el país” (11 de agosto). Como única era considerada la concentración de tropas en esa circunscripción.

Rechazo a la militarización


El 22 de agosto, el EZLN reitera que, “en demanda del cumplimiento de los acuerdos de San Andrés y en contra de la militarización de las zonas indígenas, marchará a la ciudad de México con mil 111 pueblos zapatistas”. El 23, en lo que parece un cambio de planes, el Ejército intenta restablecerse en San Cayetano, donde había destruido sus instalaciones. El 24 se suscita una confrontación entre indígenas sin armas y unos 250 soldados. “Centímetros dividen a los efectivos del Ejército –entre ellos tropas de elite transportadas en helicóptero– y los zapatistas desarmados, que repudiaban a gritos su presencia; los calificaban de ‘asesinos, defensores del mal gobierno’, tocaban sus armas y les palmeaban la quijada con una expresión retadora: ‘soldadito’” (25 de agosto).

“La tensión aumentó cuando arribaron cuatro helicópteros que transportaban fuerzas de elite con fusiles de asalto R-15”. Un tzotzil espetaba a un soldado “visiblemente nervioso”, con un “dispárame de una vez”. La protesta se extendió hasta las bases militares de Puerto Caté y San Andrés. El Ejército había decidido “recuperar las tres estratégicas posiciones contrainsurgentes –San Cayetano, Jolnachoj y Santiago El Pinar–, que quemó y abandonó el pasado 12 de agosto”, añade la nota. Eventualmente, el Ejército se reinstaló allí, y sólo la base de Jolnachoj sería retirada tres años después.

El primero de septiembre de 1997, el presidente Zedillo rinde su tercer Informe, con una tumultuosa danza de cifras y cuentas alegres que no le dejan espacio para mencionar el conflicto de Chiapas. Su silencio fue considerado “preocupante” por el diputado perredista Gilberto López y Rivas (2 de septiembre). El dirigente nacional del PRD, Andrés Manuel López Obrador, señaló que “fue una omisión deliberada”, pues era un tema “obligado a tratar ante el Congreso de la Unión”. Hasta el Partido Verde Ecologista se extrañó: “es una gran omisión, que confirma el poco interés que tiene el Presidente en la solución del problema” (4 de septiembre).

El 9 de septiembre, delegados de los mil 111 pueblos zapatistas salen de San Cristóbal de las Casas rumbo a la ciudad de México, que estrena como jefe de Gobierno a Cuauhtémoc Cárdenas, triunfador en las elecciones de julio. La conflictividad de Chenalhó entra en un relativo impasse. En las comunidades dominadas por los paramilitares sube la presión contra zapatistas y simpatizantes, y hasta contra priístas que no aceptan agredirlos.

Al paso de la marcha por Oaxaca, el “compañero Isaac” lee un mensaje del EZLN: “Desde que está el Ejército dentro de nuestros pueblos estamos en la inseguridad, porque ellos entrenan y protegen guardias blancas que han sido causa de enfrentamientos y están dejando viudas, huérfanos, encarcelados y desaparecidos” (11 de septiembre).

Mientras los zapatistas prosiguen su marcha a la capital del país, se suceden declaraciones de la clase política. El dirigente del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa, se declara “respetuoso del derecho de expresión pública” de los rebeldes, pero “no podemos darles la bienvenida mientras no dejen las armas y la clandestinidad” (12 de septiembre). El dirigente del blanquiazul rechazó “las autonomías indígenas superiores (sic) a los municipios y los estados”, y deploró la actuación del gobierno zedillista frente al conflicto de Chiapas. El incumplimiento de las “legítimas demandas de los pueblos indígenas” los ha mantenido “en el atraso, la marginación y la miseria”.

El día 13, la marcha zapatista llega al Zócalo capitalino y es recibida por una multitud entusiasta. El secretario de la Defensa Nacional “saluda” la marcha y el presidente Zedillo se pronuncia por el diálogo “y no la vía de las armas” (14 de septiembre).

Agresión en Los Chorros

Tras 11 días de marcha, los mil 111 zapatistas regresaron y fueron festejados en San Cristóbal de las Casas por miles de bases de apoyo del EZLN el 19 de septiembre. Ese mismo día, los priístas de Los Chorros queman 60 casas y 150 personas se refugian en Naranjatic Alto. En Los Chorros quedan “detenidos” seis miembros de Las Abejas (20 de septiembre).

El concejo autónomo de Polhó denunció que los priístas armados amenazaban con atacar Naranjatic y Yibeljoj “para acabar con esos cabrones” (los desplazados). Portando “armas de grueso calibre” hicieron disparos en las inmediaciones de Yibeljoj “para atemorizar a nuestros compañeros”. Así, de golpe, volvía la violencia a Chenalhó.

La disputa por el banco de arena

El día 22 sucede el hecho que después de la masacre de Acteal serviría a la Procuraduría General de la República y a autores oficiosos como “explicación” de la matanza que ocurriría tres meses después: un “conflicto intercomunitario”, la “disputa por un banco de arena” en Majomut, barrio de Polhó. Un grupo de Los Chorros, comunidad ubicada a unos 10 kilómetros, se ostentaba como propietario del banco de arena desde dos años atrás, cuando el gobierno lo “compró” y dio a los priístas (23 de septiembre). La historia de esa disputa data de los años ochenta.

Los zapatistas, considerando la mina dentro del municipio autónomo (de hecho, en terrenos de la cabecera autónoma de Polhó), desde abril habían comenzado a extraer grava. Ese 22 de septiembre pierden la vida Joaquín Vázquez Pérez y Mariano Vázquez Hernández, de Los Chorros, parte de un grupo de unos 30 priístas armados que llegaron el día 21 a preparar el arribo de un destacamento de policía. También murieron dos zapatistas: Agustín Luna Gómez (quien había participado en la marcha de los mil 111) y Antonio Pérez Castro. “Las represalias contra simpatizantes del EZLN comenzaron esa misma tarde” cuando la policía detuvo y golpeó a Vicente Ruiz “porque no portaba credencial del PRI”.

Representantes de 12 municipios zapatistas denunciaron que los ataques eran “la respuesta del gobierno a la marcha”. Mientras los priístas los acusaban “del asesinato de sus compañeros”, en una situación “muy tensa” los desplazamientos estaban “a la orden del día en diversos parajes” (24 de septiembre).

Los autónomos manifestaban que los paramilitares, “en coordinación con la policía y pagados por el gobierno, se van metiendo en las comunidades para desalojar, quemar viviendas, robar, perseguir y asesinar a los simpatizantes del EZLN y el PRD que están desarmados. Pero ya no nos vamos a dejar”.

* Todas las fechas entre paréntesis corresponden a citas de notas publicadas en La Jornada

Falso que posesión de un banco de arena detonara el problema
La paramilitarización minó la convivencia entre pueblos

Hermann Bellinghausen / VI

En su relativa pequeñez de 139 kilómetros cuadrados como municipio oficial, que incluye también el municipio autónomo de Polhó y parte de su homólogo Magdalenas la Paz, es un mundo complejo donde nada es trivial, y cuando las comunidades y regiones toman decisiones o acuerdos, no predominan la superstición ni la ignorancia, como luego se piensa.

No es necesario usar desleídos recursos del realismo mágico ni abusar de la vena etnográfica para describir esta realidad. Mucho menos creer a pie juntillas los boletines de prensa y las averiguaciones previas de la policía en el periodo previo a la matanza de Acteal. Está sobradamente documentado que la policía misma fue un actor del conflicto que aquejó a Chenalhó durante aquellos meses terribles de 1997.

Para entender episodios como el del 22 de septiembre en el banco de arena de Majomut, cerca del centro de Polhó, hay que insistir en que la rápida paramilitarización de ciertas comunidades, con Los Chorros a la cabeza, dañó severamente el tejido cultural de pueblos que habían sobrenavegado la modernidad como les llegó a ellos durante el siglo XX sin romperse en lo profundo: terratenientes y patrones abusivos, y luego diferencias religiosas; luchas agrarias legítimas aprovechadas por partidos políticos, lo que llevó a muchos a simpatizar con el levantamiento zapatista y la creación de municipios autónomos.

Así hasta que, por primera vez, suceden cosas como las que describe en sus memorias quien fuera párroco de Chenalhó durante tres décadas, y el gobierno federal lo expulsó del país dos meses después de la masacre: “Los paramilitares se burlan de la ‘costumbre’ que enseña el respeto hacia los ancianos y los jefes de familia. Así, nuestro amigo Petul, de Los Chorros, quien desempeñó muchos cargos tradicionales dentro del municipio, tuvo que dejar su casa y su paraje porque uno de sus hijos, paramilitar, quería matarlo” (Las andanzas del padre Miguel, por Miguel Chanteau, San Cristóbal de las Casas, 1999).

La sed de venganza

Ni las disputas por el poder político o un banco de arena (que no eran nuevas) explican la sed de humillación y venganza que invadió a unos centenares de indígenas cuya conducta devino aberrante y criminal. “En Pechiquil, un ‘Pasado’ (anciano de autoridad) muy respetado por la gente de su paraje fue abofeteado por su yerno, paramilitar priísta, al recibir un regaño por su mala conducta. En los parajes que tienen bajo su control, para humillar a las Autoridades, los paramilitares les obligan a cumplir tareas normalmente reservadas a las mujeres, como por ejemplo arrancar las plumas de los pollos”, agrega Chanteau.

Es a la luz de esta situación que deben verse decenas de “episodios” como el del banco de arena, que causó cuatro muertes. Y también ciertas acciones institucionales que resultan, por decir lo menos, sospechosas. Como informó en su momento La Jornada, el 16 de septiembre de 1997 hay un cambio en el gabinete del gobernador Julio César Ruiz Ferro, cuando el escritor tzotzil de Chenalhó Jacinto Arias Pérez deja la Secretaría Estatal de Atención a los Pueblos Indios (SEAPI), y ocupa su lugar Antonio Pérez Hernández, ex diputado priísta, también de Chenalhó, y que rápidamente se vinculará, si no lo estaba ya, con los grupos civiles armados de extracción priísta y del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) que finalmente perpetraron la masacre de Acteal.

Es curioso que para ese cargo no se pensara en un funcionario tzeltal, chol, tojolabal o zoque, o un tzotzil de otra parte. ¿Por qué esa insistencia gubernamental en dar el puesto a un líder de ese pequeño municipio de 30 mil habitantes, en un momento que ya había una suerte de “guerra” declarada (según expresión de los organismos de derechos humanos)? Sigue siendo una pista a seguir para hacer justicia por lo que ocurrió en los meses posteriores.

“Se insiste en que la causa de la matanza en Acteal es un conflicto provocado por la posesión de un banco de arena en el cerro Majomut. Al analizar la situación es evidente que eso está muy lejos de la realidad”, expone una investigación reciente e inédita de Dolores Camacho y Arturo Lomelí.

“Si bien muchos pueblos indios se han organizado en la figura de ‘municipios constitucionales’, las estructuras que rigen su funcionamiento son más complejas; cada municipio está compuesto por pueblos históricos que comparten costumbres, fiestas, normas de convivencia, y que se juntan o separan de acuerdo con momentos coyunturales específicos para constituir un municipio con una estructura distinta”. Cada grupo, “aunque vive y tiene una historia común, también proviene, desde su relación con la tierra, de una historia particular que concurre con las de los demás. Tienen que acordar y negociar para mantener la convivencia, como menciona el profesor Enrique Pérez López”.

Hacia 1939 aún había terratenientes en Chenalhó. Una finca se convertiría en el ejido Los Chorros, que tuvo un crecimiento extraordinario. Con más de 5 mil habitantes de diversa procedencia, se convirtió en la comunidad más poblada del municipio. Camacho y Lomelí mencionan que el ejido se funda, “pero las tierras son repartidas tiempo después, y el comisariado ejidal, devenido cacique, decide cuánto y qué tierra dar”.

En Los Chorros, la mayoría de los habitantes son avecindados sin tierra. “Con el levantamiento zapatista hay tomas en todo Chiapas. En febrero de 1994 un grupo de jóvenes de Los Chorros, asesorado por el PFCRN, toma posesión del predio San José Majomut bajo las siglas del EZLN”. Incluso su dirigente nacional Rafael Aguilar Talamantes se atrevió a declarar en los primeros días de 1994 que el PFCRN (ya para entonces un simple partido “paraestatal”) “sería vocero del EZLN”. Una verdadera bufonada.

Ellos participaron en el primer paquete de regularización del gobierno. A principios de 1995, con 62 hectáreas, San José Majomut quedó registrado como ampliación de Los Chorros. La convulsión de esos días “ayudó a que no se percibiera el hecho, hasta que los beneficiados crearon una sociedad de solidaridad social (SSS) para explotar comercialmente el banco de arena, de manera exitosa porque se construían caminos y carreteras y el gobierno fue su principal comprador”.

Aunque el banco de arena había sido motivo de conflictos anteriores, “lo era en cuanto representaba un predio que varios parajes y comunidades, incluido el ayuntamiento, querían no por el valor de la comercialización, sino porque sacaban arena todos los que la necesitaban. No se sabía que se podía hacer un negocio tan bueno”, según el indígena Sebastián Pérez, quien añade que cuando los demás “ven que los ‘cardenistas’ sacan dinero, pues se enojan; también en Los Chorros, porque la tierra sería del ejido, no de la SSS”.

El municipio autónomo “decide expropiar el banco de arena, pues considera una irregularidad que unos cuantos se posesionen de un recurso natural. Esto se basa en el discurso zapatista de que dichos recursos son de todos y no se pueden privatizar, y porque consideran que el cerro se encuentra dentro de los bienes comunales de Polhó, que consta de treinta parajes”.

Situaciones frecuentes

Así, el 16 de agosto 1996 queda expropiado el banco por el municipio autónomo. “Un argumento de peso fue que las autoridades de Polhó detuvieron en un camino a Juana García Palomares, esposa de Manuel Anzaldo (ambos dirigentes del PFCRN y asesores de los solicitantes de Los Chorros), y la hacen firmar un documento donde ella reconoce que el banco de arena es de Polhó”.

El grupo de Los Chorros “no acepta la firma y anuncia que recuperará el predio, lo cual ofende a los habitantes de Polhó porque están desconociendo la firma de su representante. Sigue una serie de incidentes entre Los Chorros y Polhó; sin embargo, de ninguna manera son causa de la matanza de Acteal. Como indican tanto miembros de Las Abejas como del municipio autónomo y el PRI, esos problemas siempre han existido, pero nunca llegaron a tales consecuencias. Siempre se habla y se toman acuerdos para mantener el equilibro”.

Los entrevistados por los investigadores “coinciden en que para llegar a este grado de violencia tuvo que haber una influencia externa muy fuerte, una preparación”. Los priístas “no son asesinos por ser priístas, ni los cardenistas, sino algunos que aceptaron la idea de que había que destruir al otro”.

Prometió apoyo policiaco para enfrentar a rebeldes en Majomut
El gobierno propició choque entre paramilitares y EZLN

Hermann Bellinghausen / VII

Una investigación en curso del periodista Jesús Ramírez Cuevas y el informe de la CDHFBC sobre la masacre arroja nuevos elementos, los cuales conducen a la hipótesis de que los gobiernos federal y estatal fabricaron conflictos de tierras, recursos, religiosos o políticos para inducir a la confrontación entre indígenas de Chiapas

El episodio del banco de arena de Majomut el 21 de septiembre de 1997 transparenta dos condiciones del momento. Una, que la beligerancia de los paramilitares de Los Chorros ya equivalía a una “declaración de guerra”, cuya intención no era “recuperar” una mina, sino atacar la cabecera municipal autónoma de Polhó. Y dos, la menos conocida intervención directa del gobierno (aunque por omisión), a través del secretario de Gobierno de Chiapas, Homero Tovilla Cristiani, quien se comprometió con los representantes frentecardenistas de Los Chorros a enviar ese día a Majomut un destacamento de la policía de la Seguridad Pública, para el que pudo ser un ataque en forma contra la comunidad zapatista.

Según revelaciones recientes de pobladores del área sobre aquellos días, dos cosas fallaron en el plan de los paramilitares de Los Chorros. No se lanzaron con ellos los demás civiles armados de Puebla, Tzanembolom y otras comunidades, a quienes trataron de convencer, pues contaban con que también llegaría a la cita la Seguridad Pública (SP), lo divulgaron y se sintieron fuertes. Al no intervenir ni cumplirles, el gobierno propició un previsible choque entre paramilitares y zapatistas en la zona donde se encontraban los primeros campamentos de desplazados, en las afueras de Polhó.

La cosa venía de semanas atrás

Como ya empezaba a ser la regla en Chenalhó, también la agresión paramilitar en el banco de arena del 21 de septiembre fue anunciada de muchas maneras. El episodio fue reportado por La Jornada, pero es útil considerar otras fuentes de la época. El informe Camino a la masacre, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (CDHFBC, 1998), refiere: “A finales de julio de 1997 llegó a Los Chorros el regidor del Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) del cabildo constitucional, José Ruiz Pérez, solicitando apoyo a los ejidatarios para quitar a los miembros del municipio autónomo el control del banco de arena. Algunos estuvieron de acuerdo”.

El 25 de agosto, “el municipio autónomo abrió los mojones entre el banco de arena y Majomut, donde sólo quedaban ocho familias. El resto se refugiaron en otras comunidades; la mayoría regresó a Yibeljoj, su comunidad de origen. Al día siguiente en Los Chorros fueron amenazadas varias familias leales al municipio de Polhó con ser desalojadas”. El 30 se realizó una asamblea en la casa ejidal de Los Chorros. Las Abejas dijeron que no querían más problemas ni más muertos, pero no fueron escuchados. Al día siguiente la SP se acantonó en la ‘casa grande’ de Majomut”, a menos de un kilómetro del centro de Polhó, y a más de 10 de Los Chorros. Tiempo después, la SP se retiró.

El 16 de septiembre, las autoridades de Los Chorros exigieron 100 pesos por familia para comprar armas y municiones para “recuperar” el banco de arena. “De manera coordinada, las autoridades del vecino ejido Puebla hicieron lo mismo. Seis familias del municipio autónomo y Las Abejas que se opusieron a cooperar para atacar a sus propios compañeros fueron detenidas”. El 17 de septiembre, ante las amenazas, 60 familias de Los Chorros se refugian en Naranjatik. Las autoridades de Los Chorros encerraron a siete simpatizantes del municipio autónomo.

Miembros del Consejo de Polhó solicitaron al CDHFBC su “urgente intervención, a fin de evitar lo que parecía un grave enfrentamiento. No obstante, desde Los Chorros se nos informó que ‘no pasa nada, todo está tranquilo’. La persona operadora de la caseta telefónica en Acteal confirmó que la situación era muy delicada”, añade el informe del centro.

El 18 de septiembre, vecinos del municipio de Tenejapa informaron que desde la distancia se veían muchas casas incendiadas en Los Chorros. En efecto, 17 casas de los desplazados fueron quemadas por las autoridades. El día 19 algunos priístas y militantes del PFCRN convocaron a las comunidades de Acteal, Nueva Esperanza y Yibeljoj para reunirse en Los Chorros al día siguiente. Antonio Vázquez Gómez intentó presentar una denuncia ante la Subprocuraduría de Justicia respecto a la quema de casas en Los Chorros, pero ésta fue aceptada hasta el día 21.

Clima de “guerra”

Ese mismo día el CDHFBC recibe el testimonio escrito de una mujer de Yibeljoj: “Está fuerte el problema en la colonia Los Chorros, quieren hacer enfrentar al nuevo municipio autónomo y también quieren obligarnos (los priístas) a que hagamos la guerra los hombres y mujeres”. Pide al centro de derechos humanos “que nos diga que sí se están moviendo para resolver el problema porque hay mucho sufrimiento aquí, apúrense, lo más pronto, y nos digan si vamos a salir de aquí porque está fuerte la tristeza de las mujeres y con sus hijitos”.

En aquellas comunidades del confín pedrano (Puebla y Los Chorros) sonaban clamores de “guerra”, y los civiles armados creyeron que serían secundados por Yabteclum y Tzanembolom, para rodear Polhó. Una investigación (aún en curso) sobre la escalada de violencia en Chenalhó durante 1997, a cargo del periodista Jesús Ramírez Cuevas y un grupo de pobladores de Chenalhó, arroja nuevos datos y sistematiza la información disponible para descifrar qué sucedió en el banco de grava. Tras el escenario previo, narrado hasta aquí como lo registró en su informe el CDHFBC, surgen nuevos elementos que indican que “los gobiernos estatal y federal fabricaron conflictos de tierras, de recursos, religiosos o políticos para inducir a la confrontación entre indígenas en Chiapas”.

El clima en Los Chorros era de “guerra”; para muchos pobladores de todos los grupos políticos o religiosos no quedaba claro por qué. Según Ramírez Cuevas (quien cubrió en 1997 y 1998 todos los acontecimientos de San Pedro Chenalhó para la agencia Reuters), en ese ambiente, y “ante la insistencia de los dirigentes frentecardenistas Juana Palomares y su marido Manuel Anzaldo Meneses, el secretario de Gobierno, Homero Tovilla Cristiani, se comprometió por escrito a enviar un destacamento de policías de SP a San José Majomut el 21 de septiembre. Los agentes instalarían un campamento para proteger a los frentecardenistas para que tomaran posesión del paraje que colindaba con los primeros campamentos de refugiados instalados en Polhó”.

El 21 de septiembre, “con la promesa de apoyo policial, 30 hombres armados salieron de Los Chorros para tomar Majomut”. Y como se ve, el gobierno estatal no cumplió su promesa. “Sabía lo que iba a ocurrir pero no hizo nada. Este episodio confirma la política oficial de propiciar el enfrentamiento entre indígenas zapatistas, priístas y frentecardenistas para debilitar la organización del movimiento rebelde y justificar la ocupación militar de la región”, añade el reporte.

En tres camiones de tres toneladas, priístas y frentecardenistas armados pasaron por el camino llamando a otros, pero nadie se les unió. “Al mediodía arribaron al lugar y tomaron posiciones con sus armas, a la espera de la llegada de los policías. A las tres horas, como no llegó la SP, decidieron enfrentar a los zapatistas y tomar Majomut”.

Para situar al lector, cabe señalar que en ese lugar se encuentra una edificación de grandes proporciones, un beneficio de café, y es el acceso a un barrio entre cerros llamado Majomut; todo esto en las afueras de Polhó. En realidad, la famosa mina (hay otra más pequeña) se encuentra en el otro lado del cerro, sobre la carretera San Cristóbal de las Casas-Pantelhó. El barrio servía en esos momentos como refugio para decenas de familias desplazadas de sus comunidades debido a la violencia desatada en caminos, poblados y parajes por los paramilitares.

“En Polhó se sabía que en Los Chorros se preparaba un ataque”, prosigue el citado reporte. “Así que cuando los frentecardenistas y priístas armados avanzaron disparando, los zapatistas respondieron al fuego para defender a los refugiados. El saldo del enfrentamiento fueron varios heridos y cuatro muertos, dos priístas de Los Chorros, Joaquín Vásquez Pérez y Mariano Vásquez, y dos zapatistas, Antonio Pérez Castellanos y Agustín Luna Gómez. La Procuraduría General de Justicia estatal, como era su costumbre, sólo mencionó a los priístas fallecidos”.

De haber llegado, ¿qué hubiera hecho la policía de SP? El “hubiera” no existe, ya se sabe. Pero si en algo abunda la tentación de los “si hubiera” es en la ruta de acontecimientos anunciados que condujo al gobierno mexicano hasta el abismo de la matanza de Acteal.

Paramilitares a escena; falsedades del Libro blanco, la otra historia
“Sabemos que nos están apuntando, anden disparen, estamos sin armas”

El 26 de septiembre de 1997 La Jornada reportó el primer retorno de desplazados zapatistas y perredistas de Chenalhó; 5 mil indígenas se dirigieron a Polhó

Hermann Bellinghausen / VIII

El 23 de septiembre de 1997, un grupo de reporteros llegamos a Polhó, cabecera municipal de los autónomos zapatistas. Una comunidad de un millar de pobladores, a quienes se agregaban centenares de desplazados de todos los parajes donde la ley paramilitar quemaba casas, emboscaba y asesinaba a simpatizantes del EZLN y priístas por igual. A los segundos se les castigaba si no respaldaban la aventura armada de los ya entonces llamados paramilitares.

El panorama era desolador. No había nadie. Ni perros. Sólo pollos. Las casas estaban cerradas; las calles y edificios comunitarios, desiertos. Tras el ataque a Majomut por los priístas y frentecardenistas de Los Chorros, el día 21, ya ni siquiera Polhó era un lugar seguro. Al amanecer el 21, comunidades como Yibeljoj habían sido evacuadas; sólo permanecieron algunos hombres. Mujeres y niños, incluso priístas, buscaron refugio en las montañas. Sabían del ataque paramilitar.

El 26 de septiembre, La Jornada reportó el primer retorno de desplazados zapatistas y perredistas de Chenalhó, en una marcha de 5 mil indígenas y 70 camiones con destino a Polhó. El episodio fue relatado con falsedades e inexactitudes palmarias en el informe de la PGR llamado Libro blanco de Acteal (1998), y esa versión ha sido repetida de oficio por diversos autores que han querido contarnos “otra historia” de aquellos acontecimientos. El lector interesado puede comparar la versión oficial, o sus transcripciones posteriores, de Gustavo Hirales (1998) a Héctor Aguilar Camín (2007), con el relato presencial que a continuación se transcribe.

El fracotirador del tinaco: cazador cazado

La movilización de las bases de apoyo del EZLN, el día 25, fue pacífica. Había durado casi toda la jornada. Antes de las 17 horas llegó a Yabteclum. Un orador encapuchado arriba de una camioneta, señalando las laderas circundantes, dijo:

–Sabemos que nos están apuntando. Anden, disparen, aquí estamos, sin armas.

Empezaba el mitin de miles de zapatistas de 15 municipios en la cancha y plaza central del “pueblo viejo” de Chenalhó, cuya mayoría priísta expulsó meses atrás a los simpatizantes del EZLN. Una hora después, cuando el acto estaba por concluir, una veintena de zapatistas trepó a la azotea de la escuela con gran aspaviento. Corrieron al tinaco, lo escalaron y se metieron en él precipitadamente. Segundos después brotó un rifle Máuser, que fue pasado de mano en mano. La multitud se agitó, y más cuando sacaron del tinaco a un hombre que, de mano en mano, saltó al suelo, cayó como gato y echó a correr. Tras él salieron varios zapatistas. Del tinaco salió, por último, una caja llena de balas Remington 410.

Nada más sobrecogedor que una multitud airada. La ira se apoderó de todos al descubrir que todo ese tiempo los acechó un francotirador. Muchos decían haber visto gente armada en las casas de arriba, en las laderas. Las bases de apoyo del EZLN provenían de Pantelhó, Mitontic, San Juan Chamula, San Andrés Sakamchén, Zinacantán, San Juan de la Libertad, Bochil, Simojovel, Sitalá, Ixtapa, Tenejapa, San Juan Cancuc y Chenalhó. Habían salido de Tzabaló a la cabecera oficial. En la descubierta, el conductor del acto decía al megáfono:

–Somos misma carne, misma sangre, mismo pueblo. No venimos a lastimar a nadie. No queremos matarnos entre hermanos. Los hermanos priístas quemaron su casa de nuestros compañeros. Los hermanos priístas no entienden lo que pasa. Venimos a explicar.

En tzotzil, otro orador invita a la gente a unirse a la marcha, que a las 12 del día alcanza la plaza pedrana y se forma en caracol, dejando en el centro a los desplazados de Yabteclum, Los Chorros y otros poblados.

–Venimos a demostrarles que los compañeros zapatistas en el municipio no están solos. No queremos tomar venganza. Venimos a decirles de buena manera que entiendan. No traemos armas. Vamos a ir a entregar a sus comunidades a los compañeros perredistas y zapatistas que corrieron ustedes –dice el orador ante las oficinas del municipio oficial.

Los mensajes insisten en decir a los priístas: “Nuestro enemigo no son ustedes, sino el gobierno”. No faltan mueras e improperios contra el alcalde Jacinto Arias Cruz, los caciques, las guardias blancas y la policía; contra Zedillo, Ruiz Perro (los tzotziles pronuncian la letra F como P, pues en su lengua no existe el sonido fricativo) y contra el funcionario priísta Antonio Pérez Hernández, a quien acusan de armar las nuevas guardias blancas.

Los municipios rebeldes advirtieron en un comunicado: “Los compañeros desalojados van a regresar a sus comunidades. Nadie lo va a impedir”. El mitin terminó pacíficamente. La radio estatal, encadenada al noticiero de las 14:30, informaba del acto tal como queda dicho. Unos anuncios comerciales. Y entonces la voz de un locutor, distinto del que daba las noticias, relató una versión contrapuesta a la que se acababa de radiar, y totalmente falsa, según la cual “grupos de zapatistas habían ido a amenazar a la cabecera municipal armados de palos”, “encabezados por Alianza Cívica” (sic).

Horas más tarde, durante el juicio popular que se hizo al hombre del tinaco, éste confesaría que en Yabteclum se reunieron para esperar a los zapatistas y le indicaron ponerse donde se puso “porque pensaban que los zapatistas venían armados y enojados”.

A las 18 horas, los periodistas acaban de recorrer las casas destruidas y saqueadas de los desplazados. Ese horror de muebles rotos, ropa rasgada, robos, muñecas decapitadas, papeles quemados, mazorcas regadas. El mitin está por concluir cuando descubren al hombre del Máuser, José Pérez Gómez, a quien apodan El Morral, y a otros dos que al parecer lo intentaron defender. Pérez Gómez viene severamente golpeado. Sus captores lo arrastran entre la multitud que parece a punto de írsele encima. Lo suben a la camioneta que preside el mitin. Y el hombre golpeado, sin camisa, es objeto de una especie de juicio popular.

La gente de Yabteclum lo identifica con un grupo de cinco personas que introducen armas a la comunidad. Micrófono en mano, entre el tzotzil y el castellano, transcurre un interrogatorio urgente. El hombre del rifle, con voz doliente, va hilando:

–Fue un acuerdo de toda la comunidad. Lo estamos organizando todos.

–¿Para matar los zapatistas?

–Noombre, pensamos que son ustedes que van a venir a matarnos. Estábamos ahí, preparados.

–¿Cuántas armas hay?

–No sé. No hay armas. Puro .22 de un tiro.

Sorprende verlo entero y firme, en el predicamento en que está. Pérez Gómez, sofocado, aguantando el sollozo, casi de rodillas, dice que “el arma es de Chamula” y que no sabe esto, ni aquello.

–Di “que mueran los asesinos”.

–No hay asesinos.

Lo interrogan sobre quién asesinó a los zapatistas, quién quemó las casas, quién robó a los desplazados. “No sé, no sé”.

La multitud rodea la camioneta. Se aproximan los responsables de las regiones para decidir qué harán con el detenido. Las laderas empiezan a mostrar grupos inquietos de hombres que observan la escena. Finalmente, los zapatistas dejan ir a Pérez Gómez, “a que informe a sus compañeros”. Como por ensalmo, la multitud se desentiende de él, que baja de la caja de la camioneta y arrastra sus pasos hacia las casas más próximas. Se sienta en un escalón. Le duele el cuerpo. Nadie se le acerca. La multitud se dispersa rumbo a los camiones que conducirán la marcha a Polhó. El hombre se ha vuelto invisible.

Días de balas en Chenalhó


El 27 de septiembre, La Jornada describe “las aguas revueltas de Chenalhó”, donde “es abierta la existencia de grupos paramilitares auspiciados por la policía y el Ejército federal”. A la vez que aparecen armas en Santa Martha, Puebla se convierte en un campo de tiro, se expulsa a familias enteras por apoyar al municipio autónomo o no dar dinero para las obras de los priístas y la compra de balas. Cada día, la vida de las comunidades se descompone más.

Santa Martha está prácticamente incomunicado con la cabecera de Chenalhó, su salida natural es San Andrés. Allí, el fiel de la balanza es el gobernador tradicional. Y sobre él viene la presión. Un día llega un teniente del Ejército federal, oriundo de Zacatecas. Se presenta al gobernador y el maestro de la escuela. Los convence de que los zapatistas, abundantes en la comunidad, representan un peligro y hay que combatirlos.

Después, el gobernador se arrepiente. Le dan dolores de cabeza y lo aquejan dudas de conciencia. Como quiera, las armas ya llegaron, y de noche “brillan como plata” cuando se adiestra a los hombres. “Primero, instrucciones para el manejo de armas. Luego películas pornográficas. Para rematar, baile con mujeres en bikini. Terminan con ejercicios militares. Los hombres llegan muy tarde a sus casas”, revelan alarmadas las mujeres del pueblo.