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¿Cómo renunciar a la paz y a la tierra?

KOMAN ILEL

La tierra es un elemento necesario para la vida de gran parte de la población del planeta. En ella se vive, de ella se trabaja y se come. Algo que no se puede abandonar, a lo que uno no puede renunciar.

Chiapas es un ejemplo de ello. Los pueblos campesinos e indígenas que viven en este estado mexicano viven de la tierra, la cultivan, la cuidan, la aman como a la madre: La Madre Tierra.

Pero esa tierra también puede codiciarse, no por sus legítimos pobladores, sino por aquellas personas que ven al mundo como la posibilidad del beneficio económico, de ganancias, de poder. Chiapas reúne a ambos, los que la trabajan y los que la codician. Los que la habitan desde siglos y los que descubren en ella nuevas formas de enriquecimiento: recursos naturales, proyectos de ecoturismo, selva virgen, monocultivos... Y frente al poder, la codicia, la soberbia y el engaño, está la organización de los pueblos.

Con la entrada del 2010 esa tensión se ha agudizado. En el aniversario del bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución mexicana una nueva ofensiva por hacerse con las tierras que están en poder de las comunidades indígenas y campesinas chiapanecas ha comenzado. Reactivación de grupos paramilitares, nuevos despliegues militares en el estado, resoluciones judiciales incomprensibles que dejan impunes acciones violentas y un fuerte control de los medios de comunicación, anuncian un futuro incierto para una paz no resuelta desde el levantamiento armado de 1994.

El 23 de enero la Junta de Buen Gobierno de Morelia (uno de los gobiernos civil autónomo de las bases de apoyo zapatistas) denunció la ocupación de un terreno en territorio zapatista por parte del grupo paramilitar OPDDIC. El terreno, cercano a unas cascadas de particular belleza, sería la base de un nuevo proyecto de ecoturismo.

El 29 de enero la Junta de Buen Gobierno de Garrucha denunció la invasión y destrucción del poblado Laguna de San Pedro por parte de policías, militares y funcionarios del estado. Después de quemar sus casas las familias fueron “levantadas” y llevadas a la ciudad de Palenque para su posterior “reubicación”. La razón es el mantenimiento y la conservación de un área natural protegida.

El 2 de febrero otra denuncia alertaba de un ataque con armas de grueso calibre contra campesinos adherentes a las Sexta Declaración de la Selva Lacandona en el predio Virgen de Dolores. Los agresores pertenecen a la organización paramilitar OPDDIC y a la agencia municipal de Chilón y fueron contratados por el Alcalde del municipio y por rancheros de la zona.

El 7 de Febrero la organización Ejército de Dios, Alas de Águila (organización fundamentalista evangélica protegida por el gobierno del estado) realizó disparos en las cercanías de la comunidad de Mitzitón perteneciente a la Otra Campaña del EZLN. En julio de 2009 el grupo fundamentalista religioso asesinó a un habitante de la comunidad y días antes de la nueva amenaza los culpables obtuvieron la libertad sin cargos.

Nada de esto tuvo relevancia en la mayoría de los medios de comunicación del país.

Ese mismo 7 de febrero el grupo de campesinos indígenas víctima de la ocupación de su terreno el 23 de enero quiso recuperarlo. En el enfrentamiento hubo un muerto y varios heridos, en esta ocasión no sólo hubo heridos entre los que trabajan la tierra, también los hubo entre los que la codician. En este caso la noticia dió la vuelta al país.

A 16 años del levantamiento zapatista tanto en Chiapas como en el resto de México se reactivan los grupos paramilitares, hay nuevos despliegues militares, resoluciones judiciales que dejan impunes acciones violentas y un fuerte control de los medios de comunicación. El futuro ya no es incierto y los que codician la tierra se han propuesto desterrar la paz nunca resuelta junto con aquellos que aman, cuidan y cultivan la madre tierra.

Pero la tierra no se puede abandonar y mucho menos renunciar a ella.

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